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Mintiéndome a mí mismo.
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Claro que yo cada día
no te recuerdo siquiera,
y es feliz la vida mía
porque pienso en quien yo quiera.
Yo no recuerdo tus ojos
con color de primavera,
y tus lindos labios rojos
ya no me causan quimera.
Me olvidé de la dulzura
de tus labios amielados,
y de la grata hermosura
de dientes estructurados.
Uf ¡no recuerdo por nada
esos ojos achinados
que eran como una alborada
en mis sueños trasnochados!
Ya no recuerdo nadita
tu gusto por el café,
y esa mirada bonita
de quien ama lo que ve.
Eres un clavo pasado
que hace tiempo yo olvidé,
y es que de mí te he borrado
y a amarte no volveré.
No recuerdo las sandalias
que tan lindas te quedaban
cuando entre nardos y dalias
ante todos se mostraban.
¡Qué bueno que es olvidar
a quien pasó por la vida
sin una huella dejar
y sin la menor herida!
En verdad no me hace falta
verte a cada amanecer,
y ni nostalgia me asalta
ese precioso querer.
¡Ah pero si tú regresas,
volverá a resplandecer
el álbum de las grandezas
para volverte a tener!