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En el cielo aparece un amarillo broche
cuya luz ilumina mi solitaria noche.
Con la dulce esperanza me asomo a la ventana
a pedir que retornes a casita mañana.
Me trago la ansiedad que trae la distancia
y pienso en esa boca de exquisita fragancia.
Si estuvieras aquí, todo bello sería
y una diadema rosa en tus sienes pondría.
Ya no hallo a quien cantar mis sentidas canciones,
y huérfanas se encuentran mis francas ilusiones.
No estás, ¿dónde estarás con tu rostro sonriente,
y se tiende a esforzar mi atropellada mente?
En el cielo prosigue un amarillo broche
cuya luz ilumina mi solitaria noche.