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En una boca bonita
de blanquecinos cristales
una sonrisa me invita
a cuadros angelicales.
Cristales organizados
en perfecta formación,
y que entre rosas y agrados
perduran en mi emoción.
Blancas joyitas cuadradas
de un intenso resplandor,
frescamente perfumadas
y de impoluto tenor.
Perlas blancas diagramadas
con soberbia maestría
como trozos de alboradas
en la nevada más fría.
Artísticos lienzos bellos
en la media galería
de luces y de destellos
de la rojez más bravía.
En mis horas silenciosas
de giros primaverales
son al lado de dos rosas,
los más hermosos cristales.