Basta con pronunciar la palabra ¨culebra¨para que se suscite en ciertos ambientes una situación tensa, aderezada de insultos al imprudente trasgresor de este tabú social, en tal situación, unos tratan de conjurar el maleficio invocando al reptil bueno que se creía guardaba chozas y palacios ¡ Lagarto, lagarto!, al tiempo que hacen con la mano derecha el signo del cornudo mientras que otros rematan el ritual purificador tocando madera.