La curiosidad es propia del ser humano, ella nos hace ser innovadores y creativos, ya que por ser curiosos entramos en el mundo del conocimiento, descubriendo contenidos que nos hacen volar como Peter Pan en el Mundo del Nunca Jamás.

La curiosidad es una de las características de la niñez. Inclusive, desde neonato -¿cierto?- El recién nacido con sus ojos aun sin forma definida, observa la cara de su madre, busca la dirección de la voz de su padre, ese sonido que provocaba pataditas en el vientre materno. El primer día de un bebe es estar alerta, estudiando cada movimiento de todo lo que lo rodea. El bebe sólo observa mientras gana meses en su edad cronológica.

Curiosidad que va cambiando como lo hace la piel arrugada de aspecto rosa o purpura, característica que desarrolla en su gateo, ya no necesitará que un adulto lo lleve en brazos a los sitios que alimentan su interés, sólo que tendrá una limitante, aparte del equilibrio que debe aprender a mantener sobre sus rodillas y manitas ¿Cuál? Las alturas, así que su curiosidad tendrá el mismo tamaño de su talla en cuatro patitas.
¡Oh NO! A subir todo, ya tiene medio de transporte. Llegó la andadera a la vida de esa personita curiosa con velocidad corta, ahora puede tomar la suficiente propulsión como para intentar atropellar a la mascota.
¡Pero no todo está a favor de la personita curiosa! La andadera no le permite llegar a todos los rincones que desea descubrir, lo detiene como si manejara un camión de bomberos.

¿Qué estará haciendo? -Mamá sólo te confirmo, que tu hijo ya es independiente-, no sólo comerá lo que le apetece sino también se movilizará donde su curiosidad lo lleve. Y donde más le prohíbas estar, será su lugar preferido para visitar, reacción que hasta de adultos la manifestamos ¿O no?
