¡Buenos días amigos de la colmena!
Hoy quiero compartirles algo que me sucedió días atrás y me dejó gratamente impresionada. A continuación les escribo:
En estos días decembrinos me puse de acuerdo, con una amiga, para ir de compras por el centro de la ciudad donde vivimos. Fuimos caminando por una antigua y renombrada urbanización. La misma está formada de casas hermosas de la década de los años 60 y de modernos apartamentos; así como también de locales pequeños que abastecen a sus habitantes.
Imagen Dominique Knobben en Pixabay
Luego de llevar varios minutos caminando, en una de sus calles, nos topamos un señor que estaba colocando unos cables para el suministro de la televisión. Al pasar a su lado le dijimos cortesmente: ¡Buenos días!
Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay
Pensábamos seguir el camino cuando de repente:
El señor, sorprendido, ha dejado de hacer su trabajo para darnos las gracias por el simple hecho de saludarlo. Nos comentó que hacía rato estaba en ese lugar y todos los transeúntes pasaban de largo; pareciera que ni se daban cuenta de que había una persona trabajando en la vía.
Detuvo su trabajo para conversar con nosotras por el simple hecho que lo tomamos en cuenta como ser humano.
Posteriormente nos despidió con una gran sonrisa, no sin antes sugerirnos que siguiéramos compartiendo la felicidad de un simple saludo, que le alegró el día.
Con esto querido lector quiero llamar a tu reflexión diciéndote:
Que tomes en cuenta que las cosas sencillas de la vida también traen felicidad, a nuestros semejantes, y por ello recibimos su agradecimiento.
¡¡¡¡GRACIAS POR LEERME!!!!