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Así que hoy quiero contarle todos sobre este precioso vínculo que me une a Samantha y que no cambiaría por nada en este mundo. La lactancia materna requiere mucho sacrificio y dedicación y presenta un sinfín de situaciones desconocidas que pueden llegar a ser frustrantes, sobre todo para las madres primerizas. Espero que compartiendo mi experiencia pueda ayudar a entender un poco más de este “lazo perfecto” creado por la naturaleza. Comencemos.
Los beneficios de la lactancia maternas son infinitos, tanto para el bebé como para la madre. “Le ofreces al bebé alimento y medicina a la vez…” fue una de las frases que me dijo mi pediatra. Todo esto se debe a que pasamos a nuestros bebés nuestros anticuerpos a través de la leche, ayudándoles a combatir infecciones mientras promueve una digestión más fácil (los niños que toman pecho tienen menos probabilidades de padecer cólicos y problemas digestivos). A parte de sus ventajas a nivel físico, se crea un vínculo emocional verdaderamente especial. Los niños al pecho se sienten protegidos y atendidos mientras nosotras nos volvemos locas con ese olorcito y el cariño de sus manitas rozando nuestro cuerpo. Creo que muy pocas cosas en la vida se pueden comparar a este momento tan puro e íntimo…
El primer mes es el más duro así que no te desanimes cuando tengas “bajones”. TODAS SIN EXCEPCIÓN los tenemos, en mayor o menor cantidad, pero los tenemos. Lo digo especialmente porque hoy día que tengo mi lactancia bien establecida y disfruto de ella, parece que me he olvidado de los momentos duros, pero sí los hubo y es normal que la gran mayoría de las mujeres los tengan. ¡Ánimo! Merece la pena aguantar un poquitín.
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Es importante que tengás claro que para la mayoría de las mujeres la lactancia es compleja y en algunos casos frustrante. Yo he tenido suerte, pero también he tenido momentos difíciles que afortunadamente he podido superar. Una vez más lo reitero, si las cosas se complican, el biberón de fórmula será nuestro mejor aliado. Seguirás siendo las mejores madres y nuestros bebés crecerán fuertes y sanos. Nunca sientas que una lactancia fallida es una maternidad fallida, ¡¡NUNCA!!
Esta es una parte de mí con mi nena Samantha.