Hola amigos de HIVE, feliz lunes e inicio de semana. Una linda día para dar el primer paso a eso que siempre hemos estado aplazando, me gustan los lunes porque siempre vienen llenos de energía para empezar cosas nuevas.
A pesar de ser lunes, un día que normalmente es alegre para mí, hoy no lo es y les contaré porqué.
Hoy les quiero hablar de Gabriel, un niño que se ha robado mi corazón desde el primer momento que lo conocí.
Era un diciembre como cualquier otro, una época de amor y nostalgia para mí, pero este diciembre cambiaría mi vida. Recibí una invitación al hospital oncológico de mi ciudad, harían una fiesta de fin de año y se acostumbra a invitar personas u fundaciones para que lleven regalos a los niños.
recolecté una ropa para los niños y también unas galletas y me dispuse a ir a este sitio que visitaría por primera vez. traté de prepararme mentalmente para cualquier situación que me pudiera afectar pero al parecer nunca estamos preparados para enfrentar algunas situaciones que nos tocan el corazón.
Al llegar al lugar se veía la alegría. adornado de globos. paredes coloridas, enfermeras atentas. Algunos niños felices y otros no tanto. Hicimos una oración en alguna de las habitaciones de los niños, repartí las galletas mientras algunos se alistaban para su fiesta.
Había un niño que no dejaba de correr, y era reprendido por su mamá para que se fuera a bañar. Me daba risa que usaba la silla de rueda de los demás niños para hacer carreras en el pasillo del hospital.
Al rato me acerqué a el, le pregunté su nombré, se puso su tapabocas porque debía tener mucho cuidado al hablar con las personas que venían de afuera. Me dijo que le cantara algo, y yo sin dudarlo le canté, y me dijo que quería instantáneamente me golpearon los sentimientos y mis ojos se aguaron. Ese día los niños del oncologico tuvieron una gran fiesta pero de todos, Gabriel se había robado mi corazón por ser tan alegre, tan inocente, su mirada me transmitía amor y esperanza de que todo estaría bien.
Luego que acabara la fiesta, me fui y me despedí de Gabriel, intercambié numero telefónico con su mamá y me fui con el corazón chiquitico de saber que Gabriel quedaría allí, luchando contra la leucemia.
Ese día comprendí que la mayor riqueza es la salud, esta no la puedes comprar con todos los millones del mundo. Quizás pasé tanto tiempo sin valorar mi salud que Dios me dio la oportunidad de estar en este lugar para valorarla y apreciarla , quizás me había olvidado de lo dichosa que soy de tener buena salud.
Tiempo después, recibí la noticia de que Gabriel se encontraba sano y en su casa,así que decidí visitarlo y compartir con él y su familia un grato momento, Gabriel corría y jugaba junto a sus primos. Me llenaba de alegría verlo tan alegre y sano.
Estoy segura que Gabriel se encuentra volando por la inmensidad del universo, y que Dios le tiene preparado un lugar mejor, mejor que este mundo al que se aferraba lleno de alegrías.
Entre lagrimas comprendí que la vida es corta, así que hay que hacer lo que nos gusta. No hay tiempo que perder.
Quizás las cosas a veces no salen como queremos, pero debemos esforzarnos por ser feliz y hacer todo aquello que nos haga latir el corazón de alegría. No tenemos todos los días garantizados, así que agradece el hoy.
Hoy, y este momento, es todo o que tenemos, da gracias por el hoy y por todo lo que tienes.
Vive como Gabriel, con alegría, enfrentando la vida a pesar de los problemas.
Todas las fotos son propiedad de la autora