La que siempre me espera
y la que siempre me llama,
es dueña de mi solitaria cama.
De mÃ, todo se entera
y conmigo todo lo trama.
No tiene faz, ni color,
ni silueta, ni calor.
Dulce me cubre con su amor.
Grato yo, de su mensaje soy autor.
Siempre regreso a su lado, sabe que jamás partÃ.
Soy suyo, ella es mÃa.
La que jamás me abandona
y la que jamás me olvida,
es belleza inconcebida.
Del tiempo es burlona
y a mÃ, todo me perdona.
Bellas flores posan curiosas,
en plan de desfile, sin cobijo.
Vestidas de noche, son mimosas,
alborotadas, por si me corrijo.
Jamás la niego, sabe que siempre le pertenecÃ.
Soy suyo, ella es mÃa.
Incrédulas por mi indiferencia,
lloran perfume, derrochan inocencia.
Repudian tu inmortal existencia
y nuestra nula improcedencia.
Celan tu voz, envidian tu destile,
pretenden que lo nuestro mutile.
Saben que soy jardinero de tus secretos.
Soy tuyo, eres mÃa.
Ante ti, todo es poca cosa,
mi creación, mi diosa.
Siempre me esperas,
jamás me abandonas,
me exaltas y liberas.
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¿Es obvio el verdadero nombre de este poema?