Al llegar te da la bienvenida el Autódromo internacional de Venezuela, una inmensa pista de carrera, cuentan sus habitantes que en la década de los 80 fue sitio de eminentes rumbas, donde bandas como los Fantasma del Caribe desplegaban su ritmo, enfebreciendo y erizando a los llaneros ensombrerados de alpargata.
Siguiendo en la vía una vuelta despertara el apetito, no por el olfato, ni por lo colorido, si no lo inmenso de un mango posado en la redoma principal, es imposible no imaginarse en el paladar lo jugoso del fruto pintón, pero este se queda allí, no se marchita, y una mordida deja tu quincena en el bolsillo de un odontólogo, para disfrutar de ellos, las casas en su mayoría poseen de árboles donde sus ramas brotar deliciosos mangares.