Felicidad, risas desorbitadas que llueven mientras el sol levanta el vuelo entre algodones de azúcar, rosas y nácar.
La tristeza cuando en el reposo de una noche indiferente los recuerdos del amado se pasean por los jardines de tu memoria.
Felicidad a veces son burbujas de sueños que se derriten entre los dedos mil veces, chispas destellantes que se desprenden del alma y van corriendo al encuentro de una sonrisa primeriza, cándida y tierna.
Tristeza, los versos se escapan de la mano, queriéndose despedir del candor posesivo de la luna para quererse acurrucar en un abrazo tierno.
Rayo de sol que congela el amanecer en un abrazo de recuerdos del ayer pasado que no puedes olvidar.
Felicidad, a veces es que el camino para el encuentro con el amado, que te espera con los brazos abiertos en tu aposento.
Felicidad, es el camino de hormigas, vuelo luminoso de atardeceres. Mariposas descalzas que en puntillas se escapan.
Tristeza cuando la ironía se apodera de tu alma, exprime la angustia analfabeta que camina sobre el sepulcro de almas adoquinadas en el cementerio del dolor.
Felicidad recorriéndote a hurtadillas como besos en flor caricias de maíz, de café, de ciruela y leche y miel.
Miradas desnudas, limpias, oscuras como noche sin estrellas. Que en las orillas del mar encantado juegan en la tarde risueña anunciando la llegada del ser amado.
Miradas puente, cargadas de flores, cuajadas de humedad y de verdades. Felicidad tierna que me adormece el alma y me despeina el sueño.
Felicidad que siempre está henchida de júbilo y algarabía cuando el cuerpo se sumerge en aguas mansas como algas en fiesta lacustre seguidas de amores y de fantasías.
Felicidad es la llegada tal vez si tienes a tu lado al ser amado que brotan capullos de palabras que vuelan en el aire como las mariposas que llevan en el corazón palabras de amor.