Estoy agobiado por las cosas que a mí alrededor se estremecen
y aunque siento que por dentro todas mis ganas se crecen,
lucho sin cesar poniendome las gríngolas para vivir,
porque si me dejo llevar de la nada, hasta podría dejar de existir.
Es el vendaval de almas perdidas que pasan rasantes a mi lado,
son de los que han perdido la batalla final de su existencia,
y si tal vez yo usara algo de mi elocuencia, vería el peligro anticipado
y sin estar preparado, usaría mi vil paciencia.
No me dejo llevar aunque me sienta triste, esa es la vida que conozco,
a veces debo ser plano, rudo y muy tosco, es el tropel de la angustia que me embiste,
y si la buena suerte se resiste y te quedas mal herido,
recuerda que al estar con él, él siempre estará contigo.(Dios)
Así que esta angustia pasajera que me agobia los sentidos
debe pasar inerte sin darme ningún motivo, desafío lo que siento,
si el sentir es mi enemigo, me sumerjo en mi interior
buscando mi cruel castigo, salgo airoso al final porque aún sigo estando vivo.