Desde los famosos tiempos de Adán y Eva, podría decirse que los desengaños continúan siendo la fruta más amarga. Claro, que en compensación, tenemos la belleza y la grandeza del Eclesiastés: a todo momento amargo, le sucede otro dulce. En el fondo, todo está en la mente, incluso Eulalia. Abrazos
RE: Eulalia huele a frutas (Relato corto)