Queridos Reyes Magos: ya sé que no es culpa vuestra, pero este año los aliados de esa poderosa sacerdotisa de causas perdidas que es Doña Ignorancia ha querido que volváis a estar en la palestra, convirtiéndoos en Agnus Dei al que espera impaciente el holocausto de la estupidez.
Mucho me disgusta que los apóstoles de la insensatez, conviertan un hermoso mito en estandarte del racismo, cuando en ocasiones advierten, bien por un error de imprenta o bien porque en el fondo muchos ignoran, que a diferencia de la Reina de Saba, la figura del Fusco fue la más tardía en aparecer y que era prácticamente desconocida en las primeras manifestaciones artísticas, añadiéndose al mito majestuoso, en edad tardía, más o menos por la época en la que Marco Polo contaba extraordinarias fábulas de sus viajes por Asia.
Pero por otra parte, reconozco que es atractiva la teoría-bien es cierto, que sin ningún fundamento histórico que la sustente- que pretende ver en vosotros, incluido, por supuesto, el amigo Baltasar, una representación de las tres razas conocidas en la época, en un intento, muy hermoso, por cierto, de englobar un mundo donde la diversidad sea sinónimo de igualdad.
Este año, como en años anteriores, lo único que os pido no es otra cosa que lo que os he venido pidiendo siempre: seguir perteneciendo a esa generación ‘beat’, amante de los caminos y heredera, al fin y al cabo de un mundo hermoso por descubrir y digno de conocer.
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