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6y
A excepción del Akubra australiano que me traje como un fetiche después de residir en Sydney una temporada, siento decir que no tengo sombrero, pero te aseguro, que de tenerlo, me lo quitaba inmediatamente, pues he aquí una narración extraordinaria, en mi opinión, que se convierte en un sentido y ameno homenaje a esos grandes proveedores de sueños e ilusión, los libros, que por desgracia van camino de terminar de la misma manera que aquélla canción que decía que el vídeo mató a la estrella de la radio. Un fuerte abrazo.
RE: El lugar mágico de la casa (Relato corto)