El relato, así como la fotografía que has elegido y el tema de los trenes, me trae múltiples visiones: los precedentes de la revolución bolchevique en Rusia, visionados a través de películas como la inmortal El doctor Zhivago; las largas filas de refugiados que incluso se ven, desgraciadamente en nuestros días y que siguen el mismo sendero tenebroso, inhumano, bárbaro e inmisericorde de los vagones de ganado que en la Segunda Guerra Mundial se dirigían con personas, con seres humanos a los campos de concentración. Cosas que no deberían de haber pasado nunca, de las que no hemos aprendido y volvemos a repetir. Y siempre con ese dedo acusador y esa funesta palabra en los labios: extranjero. En realidad, aquí se podría aplicar aquélla conocida frase de Cristo, cuando salió en defensa de la mujer adúltera y dijo: quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Actualizándola, vendría a ser algo así como: el país que no haya conocido esta desgracia y no haya visto cómo sus hijos tenían que marcharse a otro país con las manos en los bolsillos, que levante la mano. Parece que este perro mundo nunca se verá libre de la rueda del egoísmo. En fin, hora de que servidor y sus miserias se refugien entre las sábanas, más blancas que la conciencia de algunos. Un abrazo
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RE: Sin domicilio...(relato corto)