Las apariencias engañan, qué gran verdad. Sobre todo en estos tiempos, donde cada vez tengo más por cierto que vivimos en el Mundo de Maya, de la Ilusión, donde las falsas realidades y las apariencias parecen ser los verdaderos Mandamientos que nos empujan a ser cada vez más ciegos y a la vez, más críticos con las personas que nos rodean, resultando irónico el hecho cierto, de que apenas las conocemos y sin embargo las juzgamos, bien sea por su belleza, por su fealdad, por cualquier defecto físico o simplemente porque sí. Introversión y extroversión son caras de la misma moneda, como bien nos enseñó el dios romano de las dos caras, Jano y como bien nos enseñaron los antiguos taumaturgos griegos con las máscaras. En realidad, casi podría decirse que tan sólo somos actores que cambian de máscara según sea el viento que sople. Pero claro, eso es lo que se considera socialmente correcto. Buen post, amiga @nancybriti. Un abrazo desde Madrid
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RE: Rostros vemos, corazones no sabemos