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Jacinto y Josefina, se casaron enamorados. una tarde de mayo, se juraron amor eterno ante el altar, después de una modesta fiesta, para la cual, cerraron la cuadra donde la novia vivía, acomodaron algunas mesas, improvisaron una pista de baile, y sirvieron una comida deliciosa, para agasajar a los invitados, esa tarde, todo fue alegría y felicidad...
Al año de este importante suceso en sus vidas, con mucho esfuerzo, trabajo y ahorro, lograron comprar un terrenito a las orillas de la ciudad, hicieron ahí un cuarto, modesto pero limpio y lleno de amor...
La felicidad les brotaba hasta por los poros, planificaban su vida y anhelaban la llegada de un hijo, pero, por azares del destino, no alcanzaron a cumplir su anhelo...
Una mañana del mes de marzo, después que toda la noche, fortísimo vientos, que levantaban el polvo alrededor, no los habían dejado descansar, se levantaron y prepararon para partir a sus respectivos trabajos...
Tenían que caminar cerca de un kilómetro, entre casitas dispersas por aquí y por allá para llegar a la parada del autobús que los acercaba a sus trabajos...
Jacinto, tenía el horario matutino, como guardia de seguridad en una empresa de textiles.... Josefina, por su parte, laboraba de 10 a 6 en un pequeño hotel, ubicado en el centro de la ciudad, por ese motivo, Jacinto salía de casa 2 horas antes que su amada...
Ese día, no fue la excepción, el reloj, colgado sobre la pared, a un lado de la ventana, marcaba las 6 de la mañana, tomo su lonchera, que con amor Josefina le preparaba todos los días, le dio un tierno beso en los labios, y se despidió...
Josefina, camino detrás de él...murmurando una oración, para que estuviera cuidado y protegido hasta que volvieran a verse...
Los fuertes vientos seguían azotando con fuerza, al momento que Jacinto, quitó la aldaba que detenía la precaria puerta, hecha de tablones y clavos, la fuerza del viento la azotó contra la pared, una nube de tierra invadió el cuartito y un escalofrío recorrió la espalda de Josefina...
Con rapidez, Jacinto tomó la puerta y la volvió a cerrar, esta vez, deteniéndola con su cuerpo, instó a Josefina a que se acercará y le dijo...
-Amor, en cuanto salga, cierras la puerta y la detienes con la aldaba, para que el viento no la vaya a azotar de nuevo y se rompa...
Josefina asintió con un movimiento de cabeza y se puso al lado de su marido...
Éste, abrió la puerta, le dejó otro beso en los labios y salió a enfrentar los fuertes vientos...
Ella, se quedó en el marco de la puerta sosteniéndola con ambas manos y lo vio alejarse...
Por un segundo los vientos cesaron, y pudo ver con claridad a Jacinto caminar con rapidez, de pronto, como si el viento hubiera tomado impulso, arremetió con fuerza, entre el sonido del viento, alcanzó a escuchar como un silbido, su cerebro aún no procesaba que podría ser, cuando, ante sus ojos y a la distancia, una lámina, de las que usaban como techo, muchas viviendas de alrededor, impulsada por el viento, pasaba sobre su Jacinto, cercenándole de tajo la cabeza...
Como en cámara lenta, los sucesos sucedieron ante sus ojos, la lámina volando con el viento, Jacinto, caminado rápidamente hacia su destino y en un parpadeo, la cabeza de su amado, volando por los aires, liberada de su cuerpo, fue a caer varios metros adelante...
El viento paró, el silencio reinó, Josefina, aún sentía en sus labios el calor del beso de despedida y a la distancia, el cuerpo sin cabeza de su amado, en medio de una gran mancha roja, que la tierra iba absorbiendo, ávida de humedad...
Corrió enloquecida, tomo la cabeza entre sus manos y volvió sus pasos hacia el cuerpo intentando, de manera desesperada, unir de nuevo ambas partes y así recuperar el amor de su vida...
Los gritos desgarradores alertaron a sus vecinos, que en un momento se dieron cuenta de tan macabra escena...
Josefina, con su bata de dormir empapada de sangre, tirada sobre la tierra y entre sus manos la cabeza de Jacinto, a un lado de ella, el cuerpo decapitado, expulsando los últimos chorros de sangre...
Era una escena grotesca y macabra, varios de los presentes intentaron quitar de sus manos la tan amada cabeza, pero ella se resistió...
La vida, el destino o Dios, se apiadaron de ella, le regalaron la demencia, como consuelo a su dolor...
Ahora vive feliz al lado de su amado, en un modesto psiquiátrico en el centro de la ciudad.