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Tengo un amigo que es todo un personaje, de esos que viven afirmando que somos herederos de los extraterrestres y ve conspiraciones donde sea, por eso vive solo en un pueblo alejado de la ciudad, es una especie de monje para quien su monasterio es la casa.
Aprovechando unas vacaciones me fui a visitarlo, lo conseguí delgado y preocupado.
Le llevé algunas cosas, entre ellas víveres y carnes ya que pensaba quedarme una semana allí y le cayeron de maravilla ya que no había bajado a la ciudad a hacer compras.
Vivía de los intereses de un fideicomiso que le dejó su abuelo, que no era algo millonario pero le alcanzaba para estar cómodo.
Era un ratón de biblioteca y los conocimientos sobre el tema que le interesaban eran superiores a cualquiera.
En la cena me comentó.
-He descubierto que a pocos metros de acá podría haber un tesoro, ya que fueron tierras usadas como cementerio y en ellos enterraban a los difuntos con todas sus pertenencias.
-Pero si así fuera hubiera muchos buscadores en esa tarea.
-No es algo público, lo descubrí por casualidad en un viejo libro local, de los que creo solo queda el que tengo. Se lo compré a u librero en la ciudad, o más bien me lo regaló porque estaba todo despegado y escrito en un idioma raro.
-¿Y cómo lo pudiste leer?
-Me puse a investigar y descubrí que era el idioma de los antiguos pobladores del lugar, conseguí la forma de traducir algunas cosas y entre ellas lo que habla del cementerio.
-Y conociendo tu curiosidad, de seguro piensas ir hasta el lugar a buscar esos tesoros.
-Así es y has llegado en un momento perfecto para ayudarme con la tarea.
No tenía otra opción, de manera que a primera hora de la mañana salimos hacia el lugar.
Recorrimos como tres horas y llegamos a una zona desierta, con solo cardones de vegetación.
Con la ayuda de una brújula y otros instrumentos que yo no conocía fue explorando el lugar
Luego con un detector de metales localizó lo que podía ser un tesoro.
Allí cavamos por turno durante tres horas y no llegamos al lugar donde estaba el mencionado cofre o lo que sea que contuviera lo buscado.
El sol se hizo insoportable y nos fuimos a casa, seguros que nadie aparecería por esos lados.
Al día siguiente nos fuimos mejor apertrechados, llevamos provisiones, una carpa ventilada para que nos protegiera del sol, para suerte de nosotros el terreno no era duro, cosa que me llamó la atención, porque si eran tierras centenarias deberían estar duras.
Se nos presentó un nuevo problema, el hoyo pasaba la altura nuestra y no podríamos salir del mismo, a menos que buscáramos una escalera, eso hizo retrasar un día más el hallazgo.
Como a los dos metros y media la pala golpeó algo y mi amigo gritó.
-Lo encontramos.
Habíamos hecho el hoyo ancho, ya que tuvimos que sacar la tierra con baldes y una polea, así que bajé por la escalera para ver el tesoro y ambos nos conseguimos con una sorpresa, no había cofre ni nada parecido sino un contenedor brillante de unos cincuenta centímetros, que supuse era acero, por lo tanto no tenía nada de centenario.
Lo sacamos y llevamos a la casa para examinarlo, está sellado herméticamente.
-¿Será algún tesoro extraterrestre?
Presentía algo malo, de tal modo que me puse a investigar en Internet hasta dar con la solución.
Era un cilindro usado para desechos radioactivos.
Pasamos dos días volviéndolo a enterrar para evitar una catástrofe.
Cuando me marché aun mi amigo guardaba las esperanzas de encontrar el tesoro centenario.