En aquella mansión solo viven los fantasmas, dicen en el pueblo.
La misma perteneció a un general que se fue a la guerra y nunca regresó.
Sin embargo, extrañamente, se mantiene limpia y reluciente, por lo que alguien debe asearla y eso contradice los rumores.
De tal modo que la curiosidad me venció y por días estuve observando su frente desde el otro lado de la calle.
Invertí horas y nadie entró ni salió, lo que agudizó mis inquietudes.
Decidí acercarme más pero me fue imposible ver su estructura, ya que una gran pared de más de dos metros de alto la rodean, a manera de fuerte de guerra.
Desde la colina, único lugar donde se puede apreciar su estructura gótica, no se puede vislumbrar alguna actividad.
Allí instalé mi nuevo campamento de inspección y viajé al pueblo más cercano para comprar unos binoculares.
Tengo 16 años y una mente fértil y osada.
Tras unos días descubrí movimiento en el interior de la vivienda, una anciana vestida de negro limpiaba en una habitación del segundo piso.
Le comenté al abuelo y este me respondió.
-Estás viendo fantasmas.
Pasé al plan B, entraría a la mansión.
De tal modo que compré cuerdas para escalar y ganchos para lanzarla y que se sostuviera en la pared, para salir sería más sencillo que un gran árbol se encuentra cerca de la cerca y habría solo que subirse al mismo y con una cuerda saltar al exterior.
Tengo al ventaja que nadie pasa por allí, todos tiene temor de hacerlo.
Una mañana llevé a cabo el plan y todo funcionó a la perfección.
Los jardines estaban verdes y bien cuidados, el piso de mármol del pasillo que da a la puerta reluciente.
Como un ladrón avancé temeroso que alguien pudiera verme, pero todo estaba silencioso.
La puerta de la casa estaba cerrada.
Fui al costado y subí por una escalera que da a una terraza.
Desde allí pude colarme por una ventana abierta al interior de la casa en el segundo piso, muy cerca de la habitación donde vi, el otro día, que entró la anciana.
Esperé unos minutos y luego abrí la puerta y pasé al interior.
La misma era un estudio con una gran biblioteca y un escritorio al final.
Quedé paralizado.
Los pies quedaron clavados en el brillante piso de mármol.
En el escritorio estaba sentado el general, con su uniforme de gala.
-Hola –dije instintivamente y luego me arrepentí.
El general tenía un siglo de muerto.
Saqué valor del temor y caminé hacia dónde estaba y puedo verlo de cerca.
Era una momia.
Un viento frio corrió por la habitación, escuché ruidos de una puerta que se cerraba y salí como alma que lleva el diablo del lugar.
Nunca había sido mi cuerpo tan elástico.
Sin aire en los pulmones, ya fuera de la mansión se me agolproan cientos de preguntas en el cerebro.
¿Será verdad que viven fantasmas allí?
Me prometí no hacer comentarios sobre esta aventura y seguir investigando acerca del general.