Tic tac, tic tac. Inquietante sonido del reloj que retumba en cada latido del corazón, sí, es el tiempo. Ese mismo que nos indica el pasar de los momentos, ese mismísimo que nos susurra impaciente “Vive, disfruta que voy corriendo”. Y es que, si somos capaces de sentarnos a pensar, a canalizar la situación, podríamos darnos cuenta de que, sencillamente, los mejores momentos suceden como un flash, en cuestión de segundos.
Lo más curioso e intrigante, es que nadie suele hablar de momentos como aquellos, de esos momentos peculiares y genuinos que suceden en la vida cotidiana. El caso es el siguiente, nos concentramos tanto en sentir que muy pocos somos capaces de expresar las experiencias que nos llenan la vida diariamente. Y por qué no hablar de los mil pensamientos e historias que se nos vienen a la mente mientras vamos por la carretera, admirando paisajes de lado a lado con la frente sobre la ventanilla del auto y quién quita que hasta con buena música. Porque muchas veces nos cuesta definir, con exactitud, nuestras emociones o sentimientos.
Nuestras reacciones ante una situación común, e incluso, poco frecuente. Nuestro día a día está lleno de un sinfín de emociones que experimentamos pero que nadie habla de ellas cotidianamente. Como esa sensación cosquillosa que sentimos dentro al ver a esa persona que logra movernos el universo entero ¿Qué hay del sentimiento de satisfacción al dar un sorbo de café a media tarde? O de los nervios que existen cuando vamos a vivir algo nuevo, ni siquiera de las mil y un veces que miramos al cielo esperando que este nos diga palabras de aliento. Nadie habla de la sonrisa que se nos escapa al mirar la luna y memorar algún recuerdo que nos llena, ni de las lágrimas que se escapan cuando algo duele y no podemos expresarlo. Sin obviar las sonrisas traviesas que brotan al caminar por las calles.
Nadie habla de esas pequeñas cosas que hacen sentir al ser humano. Porque, simplemente, piensan que son tan mínimas que a ninguno ha de importarle. Pero no somos capaces de pensar que expresando podemos experimentar una sensación de desahogo única, un éxtasis de emociones inolvidables que nos vuelve adictos a eso llamado vida, que nos hace extraordinariamente humanos.
Porque recuerda, el tic tac avanza y tú ¿Qué esperas para expresarlo?