Si muriese ahora.
Daría gracias a Dios
por todo lo que me ha dado.
Por los momentos felices
y las dichas que no llegaron,
por permitirme penetrar
en el túnel oscuro de la ignorancia
y en el campo árido de la miseria.
Por hacerme hombre sin ser humano.
Por haber desangrado mis horas
sin el temor oculto de la impotencia.
Por permitirme amar en un mundo
lleno de odios y bañado de lagrimas,
por darme su mano cuando a ciegas
tropecé una y mil veces con el sufrimiento.
Por dejarme renacer en cada mañana.
Si muriese ahora.
Daría gracias a la vida
por ser tan efímera y frágil.
Sombra errante en callejones vacíos,
lámpara vacilante de iconos enmohecidos
en el granizo costero del mediodía,
ángel de luz de la noche tenebrosa
y el sueño incierto de la anonimia.
Si muriese ahora.
Solo una cosa de verdad sentiría.
No haber dado más de lo que dado.
Mezquino pensamiento de la ira escondida.
No haber tenido el valor suficiente
de no existir en un universo
al que aun dándole mis horizontes
nunca podría haber comprendido.