Nos extraviamos en la noche.
Perdidos bajo las luces estrelladas
de los primeros fríos del invierno,
incitados por soledades de tierra,
sueño de orígenes de los huesos.
Acudimos al encuentro de lo inevitable,
no teníamos tiempo para la memoria.
Conjugación existencial del tiempo
transcurrido entre un antes y un después,
entre un te quiero de raíces escondidas.
Nos extraviamos en la dulzura efímera
que produce ráfagas parpadeantes de emoción,
destellos de amor incrustados entre los poros
de la piel que va naciendo golpeada
por la miel descarnada de las caricias.
Fugacidad eternizada de nebulosas
siderales en el confín ignoto del cosmos,
entrega cimentada bajo el perfil ausente
de huellas fosilizadas en el valle secreto
donde van sembrados como arboles los besos.
Nos extraviamos en la noche,
olvidando las limitaciones y ataduras
que nos ha ido regalando la vida,
amnesia de libertades que extirpamos
abrazados esperando la luz del día.