La noche, los sueños, las vivencias y el computador se han conjurados para inventar caminos que se agolpan en el aire pidiendo alas para alcanzarlos.
Ilusiones ladronas entre un mundo que asalta añoranzas y despedaza como fiera herida la dulzura que emana de cuerpos evaporizados por la magia del amor, transformándolos en náufragos solitarios perdidos en las sombras del olvido.
Cuando creía estar a salvo de los embates furiosos del destino que ya una vez la alcanzó marcándola, cuando creyó que su armadura podría salvarla de los embates irónicos de los afectos inalcanzables o de las pasiones mundanas, despierta sumergida en la controversia de la lejanía que hace crecer y mata, de la distancia que termina siendo un candado y también una caja fuerte donde las realidades se esconden.
Es un amor a la medida de sus limitaciones, a salvo de la efusión de sus brazos, inaccesible al fuego de las caricias o a la locura de los labios.
Un amor que despierta y duerme cuando las ansias desean ser punta de lanza del misterio de su esencia, que por momentos se rebela y le recuerda que existe en un plano menos subliminal, que le reprocha pero también le agradece las experiencias que le han hecho crecer como mujer y madre, como rosa y espina, como aire y fuego.
Ha logrado salir ilesa a las confrontaciones entre sus visiones pasadas y presentes, a la perversa oportunidad de cerrar los ojos y vivir las emociones que llenaron de frenesí cada poro de su anatomía.
Ha logrado poner distancias que aíslen lo vivido para no ser tocada por el dardo del engaño, inventarse obstáculos que no permitan la accesibilidad al entorno cercano donde su alma explota.
¿Lo ha logrado?
¿Es carcelera o prisionera en medio del maremagnum de una existencia que le trae oportunidades de rehacer lo no vivido o de inventarse lo pasado?
¿Dónde se fabrican los sueños y como estar seguros que no son quimeras?
-Elisa, ese es el hombre de tu vida.- le dicen.
¿Existen hombres para la vida?
¿Cuántos hacen falta para estar segura que escoges el correcto?
¿Es el amor una causa o una consecuencia?
¿Una prueba de error constante o la escalera hacia lo desconocido?
Cuando la adolescencia hervía como lava sobre ella, existía un afán de conocerlo todo, de experimentarlo todo, de ser una esponja que absorbiera la savia más preciada que los años nos traen... La experiencia.
Y se atrevió a quemarse en ese fuego, de ser navegante en los mares de la locura, de ser pájaro en busca de la cumbre más alta, águila incandescente que desnuda su plumaje y termina cambiándolo cuando este le molesta y le limita el vuelo.
Y gozó del placer hasta sufrirlo, porque hay una línea muy estrecha entre lo que daña y hace feliz.
Hay una porción de sufrimiento mezclada con el éxtasis.
Fuente
El ansia de posesión que termina haciéndonos creer que podemos ser dueños de los sentimientos ajenos y nos hace suponer que hay un lazo que ata carne y alma, pasión y amor.
Pudo sobrevivir a muchos naufragios y sufrió la metamorfosis que la pasó de capitán a isla, de barco a tierra, de niña a mujer.
Y un día despertó muchos años después y pudo tomar de nuevo el control, deleitarse con la experiencia sin el desosiego de exprimirla, sin la censura ordinaria que intenta justificar los actos que la llevaron al lugar donde está.
¿Pero hay gozo sin recuerdo?
A diario se da cuenta que hay círculos que no son redondos, que hay situaciones que parecen estar ocurriendo sin consumir un segundo de tiempo.
Que parece haberse convertido en un ser extraño que deambula entre el anatema de las irrealidades y los paradigmas de pensamientos que parecen ser los vestigios de su juventud que se rebela.
¿Está en el lugar que quiere o en el que se impone?
Hay mares sin orillas y cielos que no llevan al paraíso, hay amores que matan y desamores que rejuvenecen, hay locuras tan cuerdas como razones dementes que enmascaran las mentiras y velan las verdades.
Para vivir hay que atreverse a sufrir y después de haber sufrido tener el valor de intentarlo de nuevo en una constante flagelación que se equipara al masoquismo.
¿Tiene ella madera de masoquista?
Con los años se han multiplicado los temores, ha hecho nido la desconfianza, ha anclado en su puerto la negación a situaciones que puedan afectarle, ha cambiado sus plumas de ave por espinas de puerco espín, su volatilidad por coraza de armadillo.
No quiere ser azotada por el látigo que una vez le dejó piel y alma en carne viva pero tampoco ser una estrella apagada en un cosmos moribundo.
No se imagina como la abuela solitaria que abre los albúmenes de fotos para recordar tantas cosas que pudieron haber sido pero que pasaron sin ser.
Existe un conflicto existencial que le hace buscar desesperadamente un equilibrio. Que le hace ser el extremo opuesto del péndulo y el punto álgido de la balanza.
¿Es el amor la fórmula que logra combinar todos los estados?
¿Cuál de los amores?
A veces se hace difícil nadar en medio del fuego, pescar cuando el mar esta revuelto, coordinar los movimientos en medio del furor del huracán y no se pueden abrir los ojos cuando el resplandor del sol los pueda quemar.
¿Existen soledades compartidas?
Ella sabe que aceptarlo sería negar que lo desea, seria afirmar que su vida es un remolino que la embriaga, que sus mentiras se han hecho sofismas y que por momentos hay una furia de ser igual a todos que le marcan.
Tiene bien delimitada la cerca donde sus dominios deben ser respetados.
¿Cómo entonces la noche y el ciberespacio han logrado asaltarla?
¿De dónde han salido esos seres inmateriales que se proyectan violando la distancia frente a sus retinas?
¿Puede el amor ser parte de un espejismo que se transfigura en bytes y píxeles?
Sabe que está acorralada ante tantas preguntas sin respuestas, pero se escabulle como buen mago para no tener que solucionar el crucigrama que se va armando a medida que pasan las horas frente al monitor que le propone otras promesas, experiencias novedosas, encuentros que parecen llegar cuando el mundo se ha vuelto loco de egoísmos y la indolencia toma cada rincón de la ciudad.
¿Cambiará esto su vida?
Es la incógnita más real de su corta existencia. Es el arma que han utilizado sus fantasmas para huir del acoso del pasado.
Es el recóndito pensamiento que intenta florecer.
-Elisa, ese es el hombre de tu vida.- le repiten a diario.
Y se pregunta:
¿Cuál? ¿El que amaré con locura o el que me amará sin locura?
¿El que es la imagen de lo que quiero o el que es la antítesis de lo que espero?
¿El que me amará por mucho tiempo o solo fugazmente?
¿Es necesario un hombre para tu vida o tener la vida para un hombre?
-Se parece tanto a ti que no puedes dejarlo ir.- recuerda que una voz interior le dice.
¿Es el parecido necesario para ser feliz?
¿Qué tanto puede parecerse la distancia al olvido?
¿Qué tanto puede germinar la semilla en un huerto extraño sin contaminarse con la mala hierba?
Hay tantas vías que llevan al mismo lugar que las encrucijadas han pasado a ser de laberintos a simples distribuidores donde escoger una salida.
Hay tanto ardor en su interior que por momentos teme explotar y ser una desconocida para si misma.
Solo le queda la noche y sus vivencias para atracar el barco al muelle de sus anhelos.
El tiempo que lo resuelve todo pero pasa.