René Char, poeta fundamental de la poesía francesa del siglo XX, y de relevancia en la poesía universal, nació el 14 de junio de 1907 en un pueblo de los Alpes franceses. Estuvo muy vinculado con el movimiento surrealista en una segunda generación de este, pero luego se separó de él. Tuvo una participación decidida en la resistencia contra el nazismo. Aunque se identificó con la ideología comunista en sus años jóvenes, después la rechazó. Fue autor de una veintena de libros de poesía, entre los que pueden mencionarse: Hojas de Hypnos (1946), La palabra en archipiélago (1962), El desnudo perdido (1971), Amores cazadores (1975). Además, antologías personales de su obra como Común presencia, de 1964, reeditada en 1978.

René Char, como han indicado sus principales estudiosos, realizó una poesía que era asumida como vida, de la que es revelación o descubrimiento. Aunque se separó del surrealismo, conservó de él la inclinación a la imagen libre y el tono visionario.
Sus temas son, precisamente, reafirmación de esa "común presencia" que ha sido universalmente la poesía: la naturaleza, el amor, la soledad, la memoria, el transcurrir del tiempo, la muerte.
Puedo citar a uno de sus críticos, Santos Domínguez, quien precisa:
En donde radica la originalidad y la fuerza de esta poesía es en su configuración estilística, en la tendencia a la concisión, al aforismo y a las formas breves que exigen una enorme concentración expresiva y en el uso de palabras de sentido plurivalente.
En su poesía hay una propuesta permanente por el pensamiento vital y reflexivo, mediante las metáforas y frases imaginativas, aparentemente descoyuntadas y difíciles. El uso de la prosa juega también un papel muy importante en su estilo.
Veamos algunos ejemplos de su obra, que no comentaré, pues he sugerido indicios para su interpretación.

La poesía, insólita y quinto elemento, siembra sus planetas en el cielo interior del hombre.
El poema es el amor realizado del deseo permaneciendo deseo.
El poeta no retiene lo que descubre: una vez transcrito, lo pierde enseguida. En eso residen su novedad, su infinito y su peligro.
No pertenecemos a nadie sino al punto luminoso de esta lámpara desconocida por nosotros, inaccesible a nosotros que mantiene despierta la valentía y el silencio.
Consuelo
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en verdad le amó?
Mi amor busca su semejanza en la promesa de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin tomar parte en ello.
Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad. Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo ahonda.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que no caiga?

No vengas tan pronto
No vengas tan pronto, amor, sigue todavía;
Sólo la vida del árbol ha temblado;
El viento despedazó las hojas de abril.La tierra sosiega su extensión
Y cierra de nuevo sus abismos.
¡Ya estás aquí, amor desnudo, fruto del huracán!
Soñaba contigo mientras rajaba la corteza.
Común presencia
Tienes prisa por escribir,
como si estuvieras retrasado respecto de la vida.
Si es así, sigue en procesión a tus fuentes.
Date prisa.
Apresúrate a transmitir
lo que te toca de maravilloso de rebeldía de generosidad.
Efectivamente estás retrasado respecto de la vida,
la vida inexpresable,
la única a la que aceptas unirte a fin de cuentas,
la que te niegan cada día los seres y las cosas,
de la que obtienes penosamente
aquí y allá algunos fragmentos descarnados,
al final de combates inmisericordes.
Fuera de ella, todo es agonía sumisa, fin grosero.
Si encuentras la muerte durante tu trabajo,
recíbela como la nuca sudorosa agradece el pañuelo seco,
inclinándote.
Si quieres reír,
ofrece tu sumisión,
jamás tus armas.
Has sido creado para momentos poco comunes.
Modifícate, desaparece sin pesar
a voluntad del rigor suave.
Gajo tras gajo prosigue la liquidación del mundo
sin interrupción,
sin extravío.
Dispersa el polvo.
Nadie descubrirá vuestra unión.
Referencias:
Char, René (1982). Amores cazadores. Caracas: Monte Ávila Editores.
Char, René (1980). Poesía. Caracas: Fundarte.
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/rene-char-177.pdf
http://amediavoz.com/char.htm
https://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2007/07/presencia-de-ren-char.html
https://www.academia.edu/37878547/Poemas_de_Ren%C3%A9_Char
