Pocas veces el mundo había estado frente a circunstancias tan apremiantes como ahora, todos sabemos que a lo largo de la historia han sido muchas las situaciones que han puesto a nuestra civilización en jaque, solo basta con mencionar las dos guerras mundiales; la situación hoy es distinta pero no por eso menos urgente.
Vivimos tiempos de grandes dificultades, cada una a causa y con consecuencias en las otras, la humanidad atraviesa actualmente tres grandes crisis que nos han hecho ver, como ninguna otra, lo vulnerables que somos, esto ha provocado que nuestro ego como civilización sucumba y nos hemos dado cuenta que realmente sí existe nuestro talón de Aquiles.
Por un lado estamos bajo una grave crisis sanitaria y de salud, una pandemia ha hecho que la vida como la conocíamos cambiase y quizás para siempre; el coronavirus Covid-19 ha flanqueado nuestra entereza condenándonos a la angustia, el miedo y la zozobra; no conforme con eso la economía mundial se ha tambaleado y amenaza peligrosamente con ceder, todo a causa de una situación que desconocíamos y antes creíamos jamás nos podía suceder.
La crisis sanitaria ha sido un duro golpe para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, la situación de muchos colectivos de personas ha empeorado a consecuencia de la pandemia, un ejemplo de ello es el empeoramiento de las personas que vivían en pobreza extrema, la crisis sanitaria ha hecho que las ayudas y estrategias que se llevaban a cabo para mejorar la situación de estas personas cesen, lo que ha desmejorado su calidad de vida.
Una economía en declive ha sido la causa para que los países que enfrentaban situaciones económicas y sociales difíciles agraven, lo que significa que la recuperación de esos países será aún más lenta luego de la pandemia, con las consecuencias que eso implica para los sectores sociales. Un claro ejemplo de esto son países como Venezuela, Colombia, Bolivia, Argentina, México, Brasil, países del Cuerno Africano y el Medio Oriente, entre otros más.
Otra de las caras de este triángulo de grandes dificultades que enfrenta la humanidad es la crisis migratoria, un lastre que arrastra el mundo desde hace ya unos años y que ahora está empeorando, como dije antes, estas tres crisis están interrelacionadas de alguna forma y esta es un ejemplo de ello pues la crisis sanitaria actual ha afectado negativamente en la crisis migratoria. Los migrantes a nivel mundial sufren los efectos de la pandemia ya que las cuarentenas y la restricción de movimientos merma las oportunidades de llegar a sus destinos.
La falta de políticas conjuntas y unitarias por parte de la comunidad internacional no hace sino empeorar la situación de los migrantes pues estos deben enfrentarse a distintos protocolos de migración, lo que abre la brecha entre migrantes y los países que deberían ser su “puerto seguro”. Ejemplo de esto es Europa; la Europa dividida aun no encuentra la respuesta adecuada para proteger de la mejor forma a los migrantes, que en su mayoría huyen de conflictos armados y flagelos a sus derechos humanos. La mayoría de los países europeos han optado por políticas rígidas que ofrecen muy poco frente a lo que los migrantes realmente necesitan.
Mientras tanto el mundo observa impávido, no es exagerado decir que la comunidad internacional ha hecho poco por la crisis migratoria, mas allá de los esfuerzos de algunas organizaciones como la ONU, ACNUR, y algunos otros países que tienen políticas migratorias amigables.
Lo peor es que al parecer la crisis migratoria está lejos de acabar pues sus principales causas parecen estar al alza; los conflictos armados, las tensiones políticas y sociales, la violación de derechos humanos y la persecución por ideologías se encuentran en un punto álgido lo que motiva a muchas víctimas a huir a un lugar “seguro”, pero el problema surge cuando ese “lugar seguro” no los quiere o “no los puede” recibir.
Finalmente la última de las tres grandes crisis que vivimos, la crisis climática.
El poco compromiso de algunos países con la crisis climática ha restado impacto a los esfuerzos de otros países que si han hecho lo necesario para minimizar la huella contaminante; a esto se le suma las tendencias de negación de la crisis climática lo que contribuye a que haya un menor compromiso con la crisis y sabemos que esto es fatal pues en esta situación es imperativo la exhaustiva participación de todos.
Existe aún el debate entre intereses económicos e intereses ambientales, el primero sigue imperando sobre el otro y mientras esto sea así la situación seguirá a peor. Mientras tanto el planeta sigue dándonos muestras de su lenta decadencia, el Ártico lleva días deshaciéndose y ahora lo hace con una velocidad mayor; solo hace falta ver que hace unos días un glacial en Groenlandia perdió una parte de él del tamaño de la ciudad de París. Sabemos que los glaciares ceden frente a las altas temperaturas del planeta producto del efecto invernadero, como consecuencia el nivel del mar sube y además se calienta, lo que cambia la química de los mares y afecta negativamente a la fauna y flora marina sin contar con el peligro que representa para las ciudades y poblaciones costeras la subida el mar.
Los grandes incendios forestales en California, en Australia y en los Humedales del pantanal de Brasil son otra muestra del cambio climático; también vemos como las inundaciones en lugares como La China y algunos países nórdicos hacen estragos, todas estas son muestras verídicas del cambio climático, incluso donde no hayan eventos naturales de este tipo se nota el cambio cuando se retrasan las estaciones como el verano o se adelanta el invierno.
Nuevamente la crisis sanitaria surte su efecto en otra, la reducción en la emisión de gases y componentes contaminantes durante las cuarentenas a nivel mundial fueron una corta tregua para el planeta, un efecto positivo sin duda pero por otro lado el distanciamiento social y los confinamientos coartaron los esfuerzos de quienes hacen presión y exigen cambios a la sociedad y a las autoridades para que el compromiso y la acción de todos sea mayor.
Sin duda el panorama no es nada alentador pero aun así es nuestro deber aportar algo para la resolución de estas tres grandes crisis, para la crisis sanitaria nuestro papel es importante en el distanciamiento social y la toma de medidas de bioseguridad; con respecto a la crisis migratoria como humanos nuestra solidaridad debe estar presente y desde un punto de vista más activo podemos exigir a nuestros gobiernos medidas efectivas pro migrantes.
En el ámbito de la crisis climática nuestras responsabilidades son ineludibles ya que todos podemos hacer algo para que esta situación mejore; debemos mejorar nuestros hábitos de consumo y reducir al máximo nuestra huella contaminante, hacer esto es urgente porque como explique tenemos una carrera contra el tiempo y la estamos perdiendo, tomar conciencia aunque es necesario ya no es suficiente, debemos tener un rol más activo pues no hay un “Plan B”, ni otro lugar donde vivir, nuestro único hogar es La Tierra.
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