Mientras más fracasos sufre una persona, en esa misma medida se va retrayendo ante lo que un día creyó haber alcanzado. La fe y la confianza se debilitan, y de una forma tan inesperada llega el desánimo a su vida. Pareciera que los sueños y anhelos del pasado, ahora no son más que nostálgicos recuerdos que tendrán que ser sepultados en lo más profundo del corazón… esperando en Dios y un día sean desempolvados.
¿Y qué si aquello que llamas fracaso no es lo que habías pensado?
No han sido errores, puesto que Dios jamás comete errores; la verdad es que todo tiene un propósito en la vida del ser humano… Todo lo que has vivido ha sido para tu aprendizaje y crecimiento personal… ¡Y sí! Ciertamente te ha dolido, pero es solo porque no has entendido…
No son fracasos, solo son oportunidades para rectificar, crecer y avanzar.
Nadie está en tu contra, tan solo son eventos, experiencias y energías que no has sabido calibrar. En realidad, todo está obrando a tu favor.
Existen pequeñas imperfecciones que se encuentran en lo profundo de tu alma, éstas tarde o temprano tendrán que manifestarse, y generalmente lo hacen por medio de los supuestos errores y fracasos… ¿Cuál es el fin de estos sucesos? Sencillo, ellos solo te están alertando que debes reparar ciertas conductas emotivas en tu carácter, en tu personalidad… Por lo tanto, es una gran Bendición poder visualizar, palpar y experimentar los “supuestos errores y fracasos”. Estos no son más que la oportunidad que Dios te brinda de reconocer y reparar tus imperfecciones… la oportunidad de sanar tu corazón…
¡Ya aprenderás! ¡Dios te guíe!
Shalom…