Dios creó al hombre con la tarea originaria de ser buenos, pero desde el mismo principio de la creación el ser hecho a su imagen y semejanza le desobedeció (Génesis 1:26). La desobediencia es una indisciplina que alude principalmente al acatamiento de normas establecidas, particularmente en el cumplimiento de un trabajo, conllevando a un estado de sublevación, insubordinación y rebeldía que en el peor de los casos desencadenan sentimientos, acciones y pensamientos contrarios a los principios humanos.
La agresividad, el egoísmo, irrespeto, irresponsabilidad, la poca tolerancia, falta de sensibilidad, misericordia, cooperación y amor al semejante son algunas de las señales de alarma que a menudo se ven expuestas en la sociedad actual y que sin precisar edades o hacer distingo de factores sociales o económicos, van en detrimento de la convivencia social y por consiguiente la paz mundial.
Muchos son los países que se encuentran en guerra, no solo por el apoderamiento de territorio o riquezas naturales, sino también por los ideales religiosos, políticos y de competencia económica, tecno-científica y armamentista, trayendo consigo la devastación de sociedades enteras, la muerte injustificada de centenares de inocentes, migraciones denigrantes, desolación, enfermedades, hambruna y un constante bombardeo comunicacional con mensajes terroristas que ponen en zozobra la tranquilidad mundial; por lo que queda confirmado que se está viviendo una época donde los valores intrínsecos de la convivencia humana están debilitados, afectando notoriamente la coexistencia en el único planeta hasta ahora habitable.
El hombre actual en su afán de dominar y redescubrir al mundo, lucha hasta en contra de sus semejantes y del ambiente en pro de la globalización, utilizando mecanismos y procedimientos ilegales, deshonestos y egoístas, debilitando así y por medio de sus acciones personales la identidad de sociedades enteras, perjudicando de esta manera el devenir de futuras generaciones; en cambio las culturas milenarias aún vigentes y latentes en nuestros pueblo originarios, mantienen y respetan el valor por la naturaleza, sus costumbres, rituales, normas intangibles y amor por los suyos, sobrepasando cualquier afán de desarrollo aparente, concentrándose a vivir en armonía.
Bien pudiera aprenderse de los indígenas, de su forma de vida e interrelaciones cotidianas, en las cuales no es necesaria la legitimación de algún documento escrito para cumplir con el deber o buscar asesoramiento jurídico para la solución de diferencias, por el contrario sus normas son tan intrínsecas que distan de cualquier litigio, son consensuadas y asumidas como modo de vida, se transfieren y perduran de generación en generación, tienen carácter sagrado y forman parte de la educación diaria de sus hijos.
En este mismo orden de ideas, pareciera contraproducente pero es real, el desarrollo económico, científico o tecnológico de un país no determina la calidad de su sistema de convivencia, por el contrario en algunos casos a medida que va desarrollándose una nación se incrementan el número de leyes y con ello la cantidad de infracciones, por lo que queda entendido que la deficiencia en la convivencia no es por falta de normas sino por el incumpliendo de las mismas, haciéndose necesario la aplicación de mecanismos, estrategias y herramientas que la regulen.
La violación de normas de convivencia en el mundo es una noticia permanente en medios de comunicación impresos, radio y televisión; gracias a la tecnología informativa también se puede estar enterado en tiempo real sobre los acontecimientos por los que atraviesan diferentes pueblos; la cual no distingue entre países desarrollados o en vías de desarrollo, por lo que a nivel local, específicamente en Latinoamérica, la realidad no es tan diferente al resto del mundo, aunque afortunadamente no hayan hasta el momento registros bélicos contemporáneos, pero sí de acontecimientos y situaciones que perturban la paz en la región como el narcotráfico, guerrillas, conflictos fronterizos, retaliación política, privación de libertad, abandono y maltrato infantil, drogadicción, promiscuidad y discriminación.
En medio de la diversidad de pensamientos, conductas y patrones del comportamiento humano, se hace necesario la utilización y aplicación de normas que regulen la coexistencia, donde todos sean promotores de un clima de paz y armonía, para lograr la convivencia basada en el respeto, la tolerancia, la igualdad, responsabilidad y ayuda mutua, para lograr el acuerdo mancomunado, consensuado y con alto sentido de corresponsabilidad, donde cada factor tenga claro su rol, responsabilidad y posibles sanciones dentro de la organización.
Imagen tomada de http://edcp.blogs.uoc.edu/20150727-ley-de-jurisdiccion-voluntaria-y-nuevo-procedimiento-de-conciliacion/