Cientos de Miles de muertes ha traído esta peste a mi país, aunque suena mejor llamarla pandemia, coronavirus o COVID.19, pero llámenla como quieran, sencillamente la muerte es muerte sea el nombre que le den
El olor fétido invade el ambiente, todo, no se reconoce otro olor que no sea ese, las personas ya no se hayan dentro de sus casas, ni fuera, igual saben que serán alcanzadas por este enemigo que empezó lentamente pero luego ha acelerado su paso, no dando tregua ni a la propia muerte de que realice su labor.
Miles de personas cuyas vidas están pendiendo de un hilo, y nadie sabe porque este hilo no termina de romperse, hace pensar que en efecto ni la misma muerte puede cumplir su trabajo adecuadamente ante tanta demanda.
Las personas sanas aparentan no estarlo, y es que de estar rodeados de tanta muerte pareciera que - inconscientemente - imitan la fatalidad para que no termine de alcanzarlos. Son cuerpos de humanos, pero que no se mueven humanamente, no con aquella coordinación entre piernas y brazos que solía caracterizarlos, sencillamente dan pasos, mueven sus piernas una tras otras pero sus brazos permanecen inmóviles a los costados, como para no agotar las pocas energías que les queda.
No hay nada que se parezca al pasado, ni lo más mínimo, tampoco se sabe si se parecerá a un futuro, si es que lo hay, algunos permanecen con imágenes en sus mentes intentando mantener vivos en sus recuerdos algunos allegados que ya no están, no con la excusa de no olvidarlos sino para no olvidarse ellos mismos mediante el recuerdo de otros. Todo ha cambiado, hasta la manera de recordar.
La salud se ha convertido en un bien anhelado por muchos, más allá de la comida, el agua, la casa, todos los intereses han cambiado, la palabra moda ha desaparecido del uso corriente, sólo ha quedado vigente algunas pocas palabras. Nadie está pendiente de futbol, beisbol, conciertos, eso ha pasado a un segundo, tercer o cuarto plano, en realidad nadie hay que lo juegue, nadie hay que cante, ya ni fuerza moral queda para ello. La subsistencia es la única razón de ser, y algún tipo de entretenimiento sencillamente es una pérdida de tiempo y no es esto lo que quieren las personas perder en la actualidad, no saben cuánto les queda como para derrocharlo en algo banal.
Literalmente la gente vive al día, un día a la vez, porque es lo que tienen, es lo que queda, un tiempo incierto de vida, y lo aprovechan ante la inminente sensación de que cada minuto siguiente podría ser el último, han aprendido, bajo circunstancias extremas a saber en qué consiste vivir, aunque no de la mejor manera. Ha sido necesario la pérdida de todos los mayores consumidores de tiempo para centrar su vida en vivir y apreciar cada minuto, lamentablemente así son las coas, así es la realidad del hoy en ese país en ese mundo que ha cambiado por completo.