LA MUERTE DE LO DECENTE

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LA MUERTE DE LO DECENTE

Le preguntan al escritor español Arturo Pérez-Reverte ¿La política asesina a la paciencia? y en su manera clara y tajante responde: “La política, en términos generales, asesina cuanto de decente tiene el ser humano. Sobre todo en España.” Pero España no anda tan mal si lo comparamos con Venezuela, aunque ambos tienen gobiernos socialistas, lo de Venezuela es peor porque un grupete de cien se ha apoderado de millones de individuos, han provocado la diáspora más grande de nuestra historia, han saqueado la empresa petrolera número uno del mundo, están acabando con las selvas a través de la minería, han igualado a los pranes asesinos a la misma categoría del presidente porque ahora deben negociar con ellos y a cambio los dejan construir ciudades dentro de las cárceles con piscina, zoológicos, discotecas, vehículos, ganado y pare de contar.

     Estamos peor porque la gente se acostumbró a la peor pobreza, al conformismo de una bolsa de comida, de unos litros de gasolina, de una ración de electricidad, de un pésimo servicio de salud, educación, transporte; no es que antes en Venezuela no había pobres, siempre ha habido, pero la horma del zapato no tenía tantos ajustes, ahora mismo recuerdo cuando mi padre, un campesino nacido en 1948 tuvo a su primer hijo, eso fue por allá, en 1978 y cuenta que los sábados, llegaba a casa luego de ir de mercado y aparte de los artículos básicos de alimentación le entregaba a mi madre una caja de compotas Heinz; pero era que también le alcazaba para los traguitos y para comprarle las sardinas a las perros, la vacuna a las dos vaquitas que tenía y el polvo peruano para pulgar a los cochinos.

     Luego llegaron seis muchachos más y éramos pobres, pero estábamos bien porque vivíamos juntos, crecimos sanos, felices y hasta ahora les hemos dado a nuestros padres diecisiete nietos y estos ya los han hecho bisabuelos en ocho oportunidades. Pero los nietos se han ido del país, se han llevado a sus hijos y algunos niños han nacido lejos y quién sabe si algún día los abuelos conocerán a esta nueva rama del árbol genealógico de la familia.

     Ese desarraigo familiar y cultural también es un crimen de este gobierno; permitir que la gente se vaya, en especial los jóvenes, que no estudiarán, que tendrán que ir a hacerse aptos para sobrevivir en otros países, que llevan el sello de ser venezolanos, un sello de inmigrantes, de país desgraciado, de pobretones; jóvenes que ya conocen el rostro de la xenofobia y que pasarán sus mejores años del timba al tambo buscando el pan de cada día, perdiendo sus fuerzas en la rutina azarosa de los juegos del hambre en lugar de estar en Venezuela, formándose para ser la generación de relevo.

     Estamos peor que España porque descaradamente aquí los políticos aprendieron a ir por la calle del medio de la corrupción; no les importa asociarse con criminales de la talla de Putin, hacerles el juego a los chinos, coquetear con los norcoreanos, con Siria o Irán y más, negociar con los pranes para utilizarlos en el amedrentamiento de la sociedad y de los políticos de oposición.

     Con estos malos ejemplos del gobierno el mensaje es muy claro, aquí el que mejor sepa mantenerse en el poder más roba, más miente, más promete y a los demás, desde niños, hay que tumbarles lo decente para que se acostumbren a que el mal es normal, a que robar a la nación es cosa de políticos, a que la educación es cosa de pendejos, a que no hay que pedir, sino que lo pongan donde hay; la prioridad es acabar con lo decente para que la sociedad se acostumbre a vivir en la injusticia, que la tolere y si es posible, que la practique.


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