En general me gusta el arte, especialmente el cine y las series. Me atraen más que todo las de historias de espías, y las policiacas, aunque también disfruto los dramas ligeros y humorísticos. Ver series de ese tipo me relajan enormemente.
Las intrigas de espías, que algunas son difíciles de entender. Entre el drama humano, el doble agente -del que te enteras casi al final de la serie- y el componente tecnológico, que nunca falta, a veces cuesta llevarle el hilo. Tampoco falta ese personaje hacker, por lo general un chico muy jovencito sacado de prisión, que trabaja para alguna agencia de cualquier gobierno y que es capaz hasta de resolver el misterio de la caspa con solo un teclado. De igual modo me apasionan las producciones policiacas y la resolución de crímenes. Aunque hay exceso de violencia en algunas, las series europeas tienen otro ritmo. Lejos de estresarme a mí me relajan. ¿Raro, no? Bueno, en el fondo sé que son creaciones de la mente humana. No obstante, algunas basadas en hechos reales, como dice la sabiduría popular: la ficción nunca supera a la realidad.
Refugiándome en las paginas
La lectura es otra de mis aficiones. Durante mucho tiempo tuve que leer mucho porque tenía que cumplir los requerimientos académicos; muchas de esas lecturas las disfruté, otras no tanto. Pero, como se deben imaginar, también he leído muchas novelas policiacas y de espías. En muchos casos he leído el libro y luego visto la serie, o viceversa y eso resulta interesante. Cuando lees, tu imaginación es la que les da vida y forma a los personajes y a la historia, independientemente de la trama que esté narrando el autor.
A través de la imaginación puedes crear otra realidad con esa historia y esos personajes. Inclusive, en ciertos casos te sientes como parte de esa trama. Algo que me pasa en muchas ocasiones es que cuando termino la lectura me queda como un vacío, y muchas veces dosifico el libro, porque no quiero que se acabe la historia. Leer es increíble porque si lo que estas leyendo te logra enganchar, sueles olvidar tu realidad. Esto es vital sobre todo si estas viviendo momentos no tan buenos en tu vida. Sea cual sea el género que estes leyendo, logras escapar por instantes a otros mundos que hacen que tu existencia se sienta más amable.
El constructor de mundos y el miedo a la hoja en blanco
Otra cosa que me gusta hacer es escribir, tanto a mano alzada -que dicen que es muy bueno para el cerebro- como en el teclado. Me encanta un cuaderno nuevo y me desquicia una librería o una papelería. Puedo pasar mucho tiempo viendo, lápices, bolígrafos, creyones, libretas, libros, etc. Hasta ahora lo que he escrito ha sido solo para mí y unos contadísimos amigos. Es curioso lo que me pasaba cuando quería escribir, siendo un acto tan íntimo y tan personal. Cuando estaba frente a la hoja en blanco, me daba la sensación de que me estaban viendo; sentía que el papel iba a ser testigo de todas las locuras que me pasaban por la cabeza y que se iban a materializar hechas palabras, frases.
Si bien la lectura te lleva a imaginar mundos, situaciones y personajes, con la escritura tú puedes ser el constructor de mundos, el amo y señor del universo. Es decir, puedes otorgar la vida y la muerte, la pobreza o la riqueza, lo bueno, lo malo, situaciones o sentimientos; qué sé yo, cualquier cosa. Pero no sé por qué me daba como pena y lo peor es que cuando me preguntaban qué cosas me gustaban, en seguida contestaba: Escribir. Uno de los problemas que creo me afectaba, es que quería que todo saliera perfecto. Tenía la idea de que en pocos días debía escribir una novela destinada a convertirse en un best-seller, editada y publicada por una gran editorial, nada de auto ventas online y esas cosas, con una de las tramas más inéditas de la historia de las novelas. Pero el asunto es que todo eso lo tenía en mi cabeza; ni siquiera me sentaba a tratar de escribir una sola palabra en la hoja de papel o en el ordenador.
Descubriendo el método
En mi intento de escribir, he realizado algunas investigaciones sobre el tema que van desde libros de cómo escribir una novela hasta el arte de escribir. También he escuchado lo que dicen algunos reconocidos autores cuando les preguntan acerca de sus métodos o rutinas de escritores, si es una inspiración venida del cielo o es una musa que se les presenta de vez en cuando. Pues nada de eso. La mayoría te dice que el mejor método para escribir es escribir, y la mejor inspiración es la constancia y la práctica. Si bien es cierto que existen momentos de blackout, todo tiene que ver con que escribas, aunque solo sea cinco minutos diarios. No tiene que ser una obra maestra, debes escribir sobre cualquier cosa, lo importante es hacerlo.
Asímismo, es importante la lectura. Sí, para escribir hay que leer mucho. Escuché a un autor decir que el leía desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde, tomaba un descanso de una hora, y luego comenzaba a escribir. Tiene lógica: la lectura amplía tu vocabulario y te muestra estilos de escrituras, entre otras cosas. Bueno, es así más o menos cómo me decidí a escribir mis propias historias. También he tenido que redactar trabajos formales, pero eso es otro asunto, y tampoco esta presentación es un taller de escritura creativa. Solo quería decirles algunas ideas sobre mí y aprovechar la oportunidad de invitarlos a leer mis locuras, yo también leeré sus buenas historias.
Gracias por estar allí.