Cuando nos enfrentamos a la disyuntiva
de cambiar de opinión o probar que
no hace falta, casi todos elegimos lo
segundo
siempre hay motivos para no
arriesgarse, pero a veces nos
arrepentimos de haberlo tenido
en cuenta, si estás buscando
razones para no vivir plenamente
es fácil que las encuentres, porque
a todos nos han enseñado a fijarnos
en ellas, por tanto, no nos arriesgamos amar, casarnos o a tener hijos
porque según todas esas razones nos
habríamos equivocado, el caso es
que nunca lo sabremos, y que de las
razones nos extraemos más que una
fría comodidad
dale a la vida la oportunidad de que
te sorprenda, esa persona con la
que no has querido salir más
porque no da la medida que pide tu
mente critica, podría ser el gran
amor de tu vida, deja a un lado esos
motivos y fíjate en lo que tienes
delante, abandona la necesidad de
probar que seguramente no había
salido bien.