¡Hola, amigos escritores!
Hoy les traigo un ejercicio de escritura que me ha resultado muy provechoso. Esta es la segunda vez que escribo una historia partiendo de la idea de otra persona.
Este cuento, que leerán en los siguientes minutos, es el resultado de una historia propuesta por mi gran amigo @gabmr. Sin él, esta historia ni siquiera me hubiera pasado por la cabeza. Es la segunda vez que trabajamos en conjunto y me gusta porque lo veo como un reto.
Espero que les guste y puedan disfrutarla.
Les doy muchas gracias de antemano, y no olviden comentar si les ha gustado.
En una de esas veces, empero, no tuvo tanta suerte. Los dueños de las panaderías de Burmandia se cansaron de Nelia y decidieron echarla a las afueras de la ciudad, cerca del bosque de Las Voces.
Allí pasó la pobre chiquilla días sin saber qué era saborear algo. Lo maltrecho de su vida hizo a Nelia estallar en un llanto que hacía mucho eco en el bosque. No callaba ni un segundo.
De esto, Nelia terminó quedándose dormida. Cada noche, sufría también de frío. Más, esa noche de luna llena, cambió de todo. Serían horas de la madrugada cuando Nelia sintió su cuerpo tibio. Placenteramente cálido para dormir.
Al abrir los ojos para ver de qué se trataba esta sensación, se espantó: un zorro con vívidos colores rojizos la acompañaba.
En un principio pensaba se la comería, pero con el pasar de los días este zorro ‘en llamas’ le ayudaba a soportar el frío, encontrar comida y a hasta divertirse jugando a cualquier cosa que la mente infantil de Nelia se le ocurriera.
*****------*****
Pasaron años. Nelia era ya una adolescente semisalvaje, cuya mascota y mejor amigo se había convertido en un zorro del tamaño de un caballo, y que constantemente ‘ardía’. Él podía incendiar o apagar lo que quisiera. Excepto Nelia. Ella nunca terminaba quemada por el cariño existente entre ellos.
De las tantas cazas que hacían juntos en la noche, hubo una que marcó sus vidas para siempre. Pues, resulta que bajo un cielo nublado y oscuro, descendió incontrolablemente una tormenta eléctrica que pronto provocó un incendio. Este empezó en el bosque de Las Voces y terminó extendiéndose hacia Burmandia.
Debido a la magia inherente del zorro en llamas, el fuego del bosque de las Voces pudo ser extinguido a tiempo, evitando así que los animales del mismo perecieran ante la desgracia. Sin embargo, no se podía decir lo mismo de los habitantes de Burmandia.
Fuente
Nelia no era como aquellos que la echaron fuera del pueblo, en ella no había espacio para los rencores. Su alma cálida y amorosa no concebía el odio como parte de sus sentimientos. Y por eso, la pobre chica miraba consternada la posible muerte de aquellos que alguna vez le dieron una hogaza de pan.
Aterrada ante la idea de la tragedia, Nelia decidió ir hacia Burmandia.
El zorro en llamas, quien tenía la capacidad de apagar el fuego mismo, se detuvo en confusión ante la acción impulsiva de su amiga. Ellos la habían abandonado, y aun así ella quería ayudarlos. No lo comprendía, no podía descifrar el porqué de su actuar. El pueblo no merecía una persona con el corazón de Nelia.
El mismo corrió detrás de la adolescente. Necesitaba saber qué iba a hacer en cuanto estuviera ahí, porque claramente no podría apagar el fuego por sí sola. Necesitaba ayuda, y él era el único que podía ofrecérsela. Por otro lado, el zorro se debatía entre hacerlo o no.
Al llegar al pueblo, las llamas infernales consumían todo a su paso. Los habitantes de Burmandia corrían de lado a lado sin saber concretamente hacia dónde ir. Otros intentaban apagar las llamas con cubetas de agua, pero la magnitud del incendio era tan grande que era casi imposible poder apagarlas. El caos era tanto, que nadie se percató de su presencia, la cual en otras circunstancias hubiese sido difícil de ignorar.
El zorro halló a Nelia, quien se encontraba socorriendo a los niños del pueblo, indicándoles la salida hacia el bosque de las Voces. Al sentir su presencia, Nelia volteó con seguridad. Sabía que él no la dejaría sola. Los niños y algunas mujeres dieron pasos hacia atrás con gritos ahogados al ver a la inmensa criatura frente a Nelia.
—Tienes que ayudarlos. No los dejes morir —suplicó Nelia entre lágrimas. El hollín se extendía por sus brazos y su rostro.
Él la miró con esos ojos color rubí y luego desvió su mirada para admirar la vorágine que estaba consumiendo el pueblo hasta las cenizas.
—¿Por qué quieres ayudarlos? —habló el zorro por primera vez sorprendiéndola por completo—. Ellos te abandonaron. Te convirtieron en una desdichada y te borraron de su historia.
Tanto para Nelia como para los presentes, ver que el zorro hacía uso del lenguaje, los dejó pasmados. Ni siquiera ella pensó que su mejor amigo pudiese entender sus palabras.
—¿Por qué vienes siquiera a sacrificar tu vida por ellos cuando en el bosque somos felices?
Ella tenía la respuesta. Después de todo, Nelia no era una salvaje sin conciencia. Ella sabría que pudo haber auxiliado a los habitantes del pueblo y eso la atormentaría durante el resto de su vida.
—Yo no quiero ser como ellos. Quiero ayudar a estas personas, porque de no ser por ellos, no hubiese ido al bosque y no te hubiera conocido.
Las palabras de Nelia tenían un punto a favor.
—De acuerdo, pero solo será por esta vez. Luego nos iremos y solo dependerá de estos mortales cuidar su territorio.
Las mujeres presentes y Nelia, asintieron rápidamente. El tiempo se les acababa y la desesperación se hacía sentir.
Entonces, el zorro recorrió todo el pueblo absorbiendo las llamas de las cuales el mismo era parte. Las leguas de fuego se adherían a la criatura sin problemas, extinguiéndose de las casas y panaderías y demás tiendas que formaban parte de Burmandia. Solo hizo falta unos minutos para que todo el pueblo se viera libre de aquel aterrador incendio.
Los individuos de Burmandia veían al gran zorro deslizarse, pero su sorpresa no le daba paso al miedo, sino al agradecimiento por sacarlos de la tragedia. Los mismos empezaron a socorrer a los heridos, pero no sin antes acercarse a Nelia, quien volvía a estar al lado de su amigo, el zorro.
Nadie sabía qué decir.
—Es aquí cuando dicen gracias —declaró el zorro.
La gente de Burmandia asintió y miraron con vergüenza a Nelia, quien ahora estaba montada en el lomo del zorro.
—¡Adiós! —dijo Nelia—. Gracias a ustedes no estaría con la mejor compañía de mundo.
—Si algún día quieren regresar, las puertas de Burmandia estarán abiertas para ustedes. Este favor nunca lo olvidaremos —dijo una de las panaderas que una vez ayudó a Nelia—. Gracias por su ayuda.
El zorro no esperó a más palabras de aquellas personas, ya que no consideraba que merecieran el acto de bondad de Nelia. Salió a toda velocidad hacia el bosque de las Voces, que, con ayuda de la misma magia de aquel zorro, ya había vuelto a ser verde y frondoso.