En el laberinto de mi cabeza
juego al escondite;
miles de vueltas y recobecos
son mis aliados y enemigos.
Ausente,
tarareo otra canción
que no sonará en la radio,
que probablemente muera anónima,
como mueren tantas cosas hermosas;
que probablemente comparta tumba
con una montaña de amores inconfesos.
Unos pasos automáticos
me llevan a mi destino;
ese que quiero fingir
que no está escrito sobre piedra;
pero al que me dejo arrastrar
como si lo estuviera.
El sentido de la vida
es quizás sembrar semillas,
árboles cuya sombra no sentirá tu piel,
cuya fruta no probará tu boca;
dejar preguntas suspendidas en el aire
y en el tiempo,
esperando los oídos y las manos correctas,
esperando el tiempo perfecto;
ese que aún no existe.
Quizá solo soy un loco,
una víctima más
de los demonios de sus ancestros;
un paladin en guerra,
en una guerra sin sentido, ni gloria;
un personaje sin guión, un extra,
que algunos días sufre delirios de grandeza.