Una fría indiferencia creciendo,
abordando mi cuerpo;
va nublando mi cabeza.
Es como una sombra.
Se hace de noche
y estoy cansada de espantarla
a fuerza de antorchas
que se consumen y apagan.
Soy poco más que un autómata,
no me hago preguntas,
solo deambulo entre unas pocas tareas programadas;
si acaso me visita repentina la conciencia,
ignoro las alarmas.
Algunos días llevo un abismo
entre el pecho y la panza,
una mirada a lo perdido
y los monstruos que aguardan,
un parpadeo fugaz de mi conciencia,
solo una chispa en medio de la nada.