Mi hogar, de niña,
no era una ruina,
no era de piedra,
no era de arena,
no era un abismo;
mi hogar era florido.
Era el azul inmenso interminable,
con cielo y mar besandose en la boca,
con un latido vibrando entre las rocas,
con un rubor tiñendole las tardes.
Mi hogar era caliente,
pero de brisa fresca;
olor de mar, café, tabaco y ron;
sabor de mango, coco y de conservas,
sabor del clavo, canela y papelón.
Aquel que fue mi hogar,
cuando fui niña,
tuvo una guerra
que nos quemó por dentro;
muchos cosieron
de los retazos alas,
muchos marcharon
para sanar muy lejos.
Hoy de ese hogar
solo queda una foto,
la cicatriz que duele
en los inviernos;
hoy de ese hogar,
el de los sueños rotos,
queda un poquito,
que guardo de su cielo.
Tenías estas fotitos guardadas por ahí desde el mes pasado, esperando que me visitara la musa con un poema que yo sintiera digno de estos hermosos amarillos. Espero que tanto el poema como las fotos sean de su agrado y logren llevar a ustedes cálidas imágenes. Sigo esforzándome cada día por llevarles lo mejor de mí.
¡Gracias por la compañía y el apoyo!
Fotografías de mi autoría, tomadas con teléfono Redmi 9a. Imagen final creada en Collage Maker