Uno no puede tratar de definir cuál es la magia que hay en las cosas porque al tratar de hacerlo, al lograrlo, esta se desvanece. Lo que llamamos magia viene a ser un no sé qué, separado de la mente, concentrado en los sentidos, una fascinación temporal dedicada a percibir.
Debe haber algo de amor al dejar que las cosas sean como son sin tratar de descifrarlas, descubrirlas o juzgarlas, sino tan solo observarlas, apreciarlas, disfrutarlas. Es la única manera en que se puede llegar a conocerlas realmente.
He oído decir que no podemos amar lo que no conocemos y creo que es cierto, pretender amar lo que no se conoce puede ser un camino a la decepción. Lo más usual es tener una ilusión, una idea de lo que creemos amar, y encontrar algo que se le asemeje, luego en trayecto ir moldeando ese algo a nuestra manera. Puede ser que en ese afán de ir moldeando las cosas a nuestros deseos hagamos incluso violencia sin darnos cuenta.
Un camino distinto es dejar que el tiempo nos permita conocer aquello con lo cual tenemos contacto, dejar que nos impresione, nos moldee y hasta nos transforme. Es un camino a la inversa de lo que estamos acostumbrados, pero necesitamos ser de un material resistente si queremos seguirlo.
Esto me recuerda los pequeños retoños en el arte del bonsái, son plantas producto de la idea del que la moldeo, llegan a ser obras de arte, imitando la dirección de una naturaleza perfecta. He leído que estos árboles se producen de manera natural en precipicios, en circunstancias adversas para plantas que aun así logran sobrevivir, algunas parecen seguir la dirección del viento, son hermosas. Luego fue que esto se convirtió en una técnica que imita las condiciones que se dan en la naturaleza para que un bonsái se produzca.
Oscar Wilde decía: “la naturaleza imita el arte” en una de sus tantas ironías que buscaban hacernos cuestionar creencias tradicionales. Realmente lo más sencillo que podemos hacer es imitar la naturaleza expectante que se deja estar, pero no del modo pasivo del que se deja abatir, sino del modo activo de la pequeña planta en el precipicio que resiste las embestidas del agua y el viento y se hace cada vez más fuerte, danzando con él en una canción que el hombre que tiene todo calculado quiere imitar… Esa magia es la que no encuentra una fácil explicación, no la tiene, al menos no claramente.
Gracias por leer.
Texto y foto de mi autoría.