Nuestra vida transcurre a través de épocas y ciclos: Infancia, juventud, adultez, ancianidad, años, meses, días, mañana, tarde, noche. Se supone que hay una época ideal para ciertas actividades, es lo que se nos dice, una época para los estudios, otra para trabajar, para viajar, jubilarse. Una época para enamorarse, casarse, tener hijos. Una época para ser niño, adolescente, adulto, anciano.
Sin embargo, en la práctica cada quien va a un ritmo particular, puede ser que se atrase, se acelere, se invierta o se ignore ese orden. Conocemos adolescentes de 40 o 50 años, niños de 20 o 90, ancianos de 40. En muchos sentidos está bien seguir siendo adolescente a edades adultas, es decir, seguir teniendo alegría, ilusiones, seguir las tendencias actuales, querer cambiar el mundo, creer que se puede hacer. En el sentido negativo, no es muy bueno seguir siendo inmaduro para muchas cosas, o egocéntrico. Y aun así esto no implica que se deba cambiar la personalidad, se puede conservar la ingenuidad de los primeros años y ser maduro al mismo tiempo.
También ocurre que algunas personas tienen más vivencias que otras porque tienen experiencias diversas, puede ser que estén más abiertos a conocer y experimentar, para esto se me ocurre que hace falta cierta inocencia, si se puede decir así, hace falta flexibilidad y disposición. Otras personas tan solo se sienten en una repetición de días iguales, como si no tuvieran grandes experiencias sino una serie monótona de días. Creo que esto depende de la forma en que la persona se enfrente al mundo y no tanto de hechos externos que ocurren a su alrededor. La rutina puede estar instalada internamente.
Creo que para poder tener vivencias hay que arriesgarse intelectual y emocionalmente, arriesgarse a sentir, a amar al ser humano, a respetarlo, a sufrir por tolerar lo que creemos es imperfecto y no podemos realmente cambiar, luchar por cambiar y mejorar lo que de nosotros depende. Y a pesar de como resulten las cosas, continuar por el camino con integridad. Para tener experiencias hay que arriesgarse a ver las cosas de otras maneras diferentes a nuestras costumbres o ideas arraigadas, hay que aprender a mirar al otro con el mismo respeto que tenemos por nosotros.
Uno puede cumplir años y seguir viéndose al espejo y no reconocer a esa persona que te mira. Es extraño. Sería hermoso mirarse al espejo y sentir que los años que han pasado se han vivido en toda su intensidad. Hay mucho miedo a vivir con intensidad, a amar, a sufrir…, miedo a caerse, a volverse a levantar. Pero de no hacerlo así, ¿se está viviendo realmente? Las edades solo son referencias escuetas.
Gracias por leer.
Texto y foto de mi autoría.