Mientras esperabas ese momento las respuestas iban viniendo una por una, poco a poco, todo lo dicho antes iba encajando como piezas en un rompecabezas. Aún sigues huyendo de ese destino, pero sabes que todo es en vano, ese destino ya está escrito.
Al llegar por fin el momento de esas respuestas que quizás ya sabías pero nunca pensaste que las escucharías, quizás no tan pronto, fueron como un millón de cuchillos atravesándote y tú ahí, de pie, solamente escuchando sin poder decir algo.