Voy a ser directo: si tu prólogo explica el mundo antes de que pase algo, estás perdiendo lectores en la primera página. Y lo digo sabiendo que yo mismo he caído en esa trampa.
Hay una tentación enorme, sobre todo cuando llevas años construyendo un universo en tu cabeza, de querer contarlo todo antes de empezar. La historia de los reinos, el origen de la magia, quién traicionó a quién hace trescientos años. Y el lector, que aún no tiene ninguna razón para que le importe nada de eso, cierra el libro.
Un prólogo no existe para que tú descargues información. Existe para hacerle una promesa al lector, y las promesas se hacen con tensión, no con enciclopedia. Si tu prólogo podría ser el apéndice del final del libro, bórralo y ponlo ahí.
¿Es incómodo escuchar esto cuando ya publicaste el tuyo? Probablemente. Pero prefiero decírtelo yo a que te lo diga el lector cerrando la pestaña.