Necesito respirar aires más elevados, sumergirme en mares más profundos, amar con el corazón más ancho, y cantarle a la belleza en voz alta la cólera de Aquiles, la desdicha de Fausto y la locura del Quijote. Necesito colmar mi pecho de emoción, exaltar mi yo hasta que sea sublime, adorar la noche, codiciar los rayos de luna y soñar un mundo envuelto en su fulgor argénteo. Dicen que hay que adquirir experiencia para ser algo en La Vida, pero yo prefiero mantenerme ingenuo y no ser nada para que nunca deje de serme posible serlo todo. Vivir en la posibilidad es abrazar la libertad y rendirle culto a la inocencia, que es el don más preciado que la Creación puede conceder al hombre. Mi niñez en la edad adulta, mi fascinación por el mundo y la vida, por la Tierra y el hombre, por las artes y ciencias; mi curiosidad infantil y desinteresada hace que de mi cuerpo se desprendan pavesas, que arda en deseos de conocer, sentir, anhelar, sufrir, imaginar, vivir... Vivir, vivir por vivir es la máxima expresión de la libertad; vivir porque la vida es bella y no por costumbre; crear por culto a la belleza y no al mercado; amar por amor, no por contrato; trabajar por pasión, no por necesidad; morir porque la vida queme, y no porque la edad pese... No concibo otra vida que no sea esa, y si no sé nada de La Vida, de esa existencia miserable que muchos se resignan a sufrir por inercia, prefiero seguir sin conocerla.