El primo Nelson

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En el Zulia le decimos primo a familiares, conocidos o extraños, es una costumbre de hace muchos años que se mantiene, sin embargo Nelson, si lo era de la pareja que tenía en ese momento.

Tenía 10 años más que yo, era un tipo afable, algo obeso con barriga cervecera, como le decimos acá a las que son prominentes, trabajaba en cuestiones de seguros y en ese entonces se mudó con la familia frente a la casa donde vivía con mi pareja.

Trabajaba como un burro de lunes a viernes y vivía apurado, pero los fines de semana se los dedicaba a la familia y el sábado por la noche a la lucha libre, era una aficionado a esta y no se perdía las transmisiones por televisión de la misma.

Ese día, ante la prohibición de su esposa que las viera, se iba a mi casa y se sentaba en el mueble de la sala a disfrutarla o más bien sufrirlas, porque era todo un espectáculo, terminaba más cansado que los luchadores porque gritaba, brincaba, lanzaba golpes y era imposible acercársele sin recibir alguno, caía en un estado de trance en el cual se transportaba al escenario y era un peleador activo en el cuadrilátero.

Una vez le dio una angina de pecho por las emociones y es la razón por la cual a su esposa no le gustaba que las viera, sin embargo él me decía que tomaba sus precauciones, una hora antes de iniciar las trasmisiones se tomaba una aspirina.

Yo disfrutaba más de sus acciones que de los combates, en realidad no era fanático de la lucha pero lo acompañaba por solidaridad.

Un miércoles como a la una de la tarde Sara llegó gritando desesperada a la casa, el primo Nelsón estaba en su cama convulsionando y botando espuma por la boca. Corrimos hasta allá y me parecieron los síntomas de un ataque de epilepsia pero no dije nada, sino que busqué mi camioneta pickup, colocamos unas cobijas y almohadas en el cajón trasero y con la ayuda de unos vecinos, ya que el hombre pesaba más que un matrimonio obligado, lo cargamos hasta allí y partimos rumbo al hospital, que estaba relativamente cerca.

Sara, muy preocupada y llorosa se montó a mi lado y en el camino le sugerí lo de la epilepsia pero me dijo que nunca le había dado eso y que no creía que fuera.
Me quedé allí y dos horas después salió de la sala de emergencia para informarnos que todo estaba bien, que el doctor había dicho que había sido una congestión estomacal, o sea se le había parado la digestión por haberse acostado después de almorzar.

Dos veces más en el trascurso de tres meses se repitió el problema y para suerte del primo, dado que era la hora del almuerzo yo estaba allí, ya que estaba trabajando en construcción y me iba a almorzar a la casa.

A la tercera Sara, en una acción de mea culpa me contó la causa de esto, el primo almorzaba y dado que llegaba tarde en la noche, la invitaba a tener sexo y ella accedía. Juró no complacerlo más y me pidió guardará el secreto porque ni a los doctores se lo había dicho.

Cumplió su palabra porque un año después cuando me separé de mi pareja, no habían repetido las emergencias, tampoco el primo regresó a ver la lucha libre, al parecer a cambio de la abstención del sexo al mediodía su esposa había accedido que las viera en su casa.

Me fui a trabajar al centro del país y un día leyendo el Panorama, con asombro me enteré que a un conductor se le espichó un caucho en la autopista 1 de Maracaibo y que mientras lo cambiaba, un camión lo arrollo, matándolo al instante, era el primo Nelson.

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