Si hay algo que Hazel espera con más ansias que la hora del paseo, es un día en el río. Es, sin duda, su actividad favorita. Y no exagero: desde que salimos de casa, él ya sabe perfectamente para dónde vamos.
En cuanto agarramos el camino, empieza a apurar el paso. No camina, casi trota. Va todo el trayecto con una energía que a veces me sorprende, como si tuviera un imán que lo llama hacia el agua. Y cuando ya estamos llegando, se desespera. Tira un poco de la correa, se impacienta, quiere entrar de una vez.
Una vez que llega al río, es otro perro. Se la pasa entrando, nadando y saliendo del agua. Le encanta explorar todo ese terreno verdoso, meterse entre la vegetación, oler cada rincón y jugar hasta que el cuerpo aguante. Nada un rato, se echa en la orilla, vuelve a entrar. Es su paraíso personal.
Verlo así de feliz, olvidándose del calor y disfrutando como un cachorro a sus 8 años, no tiene precio. Es su momento, y yo solo soy un espectador afortunado.
Aquí les dejo unas fotos que le tomamos
¿Y sus mascotas? ¿Cuál es esa actividad que las vuelve locas de alegría? Cuéntenme en los comentarios. 🐾