La justicia invita a afianzarnos como personas y como sociedad en la autenticidad, que es lo que da verdadera convivencia y paz.
Tenemos que afrontar todo tipo de adversidades. Más aun cuando los que ostentan el poder ven que su forma se propaga. Es claro que cuando se esta delante de la actuación recta,se desquician los autores del mal y la injusticia.
También es cierto que cuando nos afincamos en nuestro empecinamiento, ideologías y creencias, empezamos a transitar por la ruta de las tinieblas.
Quien vive conforme al Espíritu de Cristo, es justo y se encamina a la vida y a la paz.
No cerremos nunca la puerta a la vida, a la libertad, a la dignidad. Es muy triste y empobrecedor vivir sin respeto,sin justicia y sin paz. No dejemos que se deteriore mas la humanidad. Cambiemos toda falsedad, mentira e injusticia a fuerza de verdad, justicia y caridad.
La injusticia no puede triunfar jamas. Su mejor contrincante es el mismo Dios. Una legislatura que tuerce la verdad y masacra la justicia, solo surgen iniquidades.
El que vive con autenticidad es bueno y practica la justicia, es capaz de desquiciar cualquier poder y autoritarismo por fuerte que sea.
Los enemigos de la vida, de la justicia y la paz son capaces de desencadenar miserias y muertes.Bajo el influjo de esta perversidad se llega al extremo del justificar la muerte del inocente, del indefenso y del que no puede hacer frente al abuso del poder.
Que nunca nos impliquemos en la muerte moral ni física de persona alguna.Al contrario, que seamos capaces de erradicar todo tipo de empecinamiento, ideología o creencia, para que a nadie le falte vida, alegría y esperanza.
El silencio que produce sintonía con la vida y provoca inventiva para revertir el dolor, sufrimiento e injusticias que padecen las personas.
Jesús vivió la abismal miseria de la maldad y la injusticia.Se atrevió a cargar físicamente el pecado de todos. Por el hecho de haber probado el dolor hasta las ultimas consecuencias, se ha colocado del lado de toda persona y especialmente del lado de los vencidos del mundo, de los fracasados, de los que sufren, de los indefensos, de los pobres.
Jesús nos da el Espíritu Santo, no para quedarnos quietos, sino para ir allá fuera a comunicar perdón, a construir reconciliación, a defender la vida y la dignidad, a crear comunión, justicia y paz.