La lavadora rusa que me convirtió en mecánico (y casi en mi peor pesadilla)
¡Saludos a toda la comunidad de Hive! Hoy quiero contarles una historia de esas que solo pasan en Cuba. Una historia de amor, de "resuelve", de mecánica y de una lavadora rusa que estuvo a punto de hacerme lavar a mano para siempre.
Cuando me casé (o mejor dicho, me "ajunté" con mi esposa) después de algunos años de novios, ella me dijo que quería comprarse una lavadora de esas rusas. Ya saben, de las que tienen doble tina: el lado de lavar y el de secado. Aunque las leyendas urbanas dicen que en la secadora la ropa daba vueltas y vueltas, se mareaba y hasta "vomitaba", pero nunca se acababa de secar.
La compra con "detallito"
Llegó el día y fuimos a ver la lavadora. Para mi sorpresa, solo estaba la parte del lavado; le habían mutilado la tina de secado. Bueno, la probamos y todo funcionaba perfecto. Pero la dueña nos dijo que tenía un "detallito": botaba agua por el buje. Mi esposa me miró y me preguntó si yo podía arreglar eso. Yo, con toda la seguridad del mundo, le dije que sí. Desde ese día me convertí en su mecánico personal.
Aquí tienen a la protagonista de la historia: mi lavadora rusa. Como ven, ya venía sin el lado del secado.
La llevamos a casa y la revisé. Efectivamente, el buje de bronce y el sello estaban gastados, por eso dejaba pasar el agua. También descubrí que el motor estaba mojado, así que tuve que ponerlo a secar para que no se quemara ni diera corriente a la hora de lavar. Con todo reparado, pensé que esta lavadora no me daría más batalla por un buen tiempo. ¡Qué iluso fui!
El misterio del ajustador
Llegó el fin de semana, el día de lavar. Mi esposa, muy contenta, conectó la lavadora y se hizo el milagro: funcionaba perfectamente. Pero de un momento a otro sentí un sonido raro y corrí a ver qué pasaba. Se había parado, estaba trabada.
Revisamos y, para mi sorpresa, en la propela se había enredado un tirante de ajustador... ¡o más bien el ajustador completo! Qué problema para sacarlo. Había que sacarle el agua y irlo enrollando poco a poco para que no se rompiera, pero al final no sirvió de nada, lo machacamos todo. Otro detalle más para el mecánico. Aprendí que la polea tenía que quedar lo más pegada al tanque para que no se tragara ninguna ropa.
La chancleta salvadora
A la semana siguiente, cuando nos preparamos para lavar y echamos el agua, vimos un chorrito pegadito a una pata. ¡Otra vez botaba agua por el buje! Al parecer, para cada lavado había que ponerle un sello nuevo, pero como no había repuestos, decidí confeccionar un sello con una chancleta de corcho (esas viejas). Se lo puse... y quedó perfecto.
La correa de uniforme escolar
En otra ocasión, en medio del lavado, sentí un ¡tum! La lavadora paró, pero el motor siguió andando. ¿Y ahora qué pasó? La polea (que según yo era de lada) había reventado. Me dije por dentro: "Ahora sí que quedó el lavado a media".
Y salta el vecino con una solución magistral: "Coge el tirante de una falda de uniforme de las niñas de primaria, cóselo en forma de correa y verás que te dura años". En ese instante salimos a buscar por el barrio con el vecino. Apareció una vecina con un tirante y la disposición de coserlo con su máquina. Fue un poco difícil por miedo a partir la aguja, pero lo logramos.
Y aquí está la obra de arte: la famosa correa hecha con tela de uniforme. Parece mentira, pero con esto la lavadora volvió a funcionar.
Cuando al fin probamos la lavadora, echó a andar... con un detalle: la correa se caía de vez en cuando y había que meter la mano por debajo para colocarla.
Reflexión final
No sé qué decirte. Cuando la compramos, solo nos vendieron con ella "un detalle". Porque si nos dicen todos los parámetros técnicos que había que cumplir para mantenerla viva, creo que era mejor seguir lavando a mano.
¿A ustedes les ha pasado algo similar con sus electrodomésticos? ¿Cuál ha sido el "resuelve" más grande que han tenido que inventar para que una lavadora siga funcionando? ¡Los leo en los comentarios!