Llueven a cántaros sus ojos
un mar de lágrimas ahoga su sonrisa
tiñendo de gris lo que un día fue carmesí.
Respira agitado temiendo la muerte
le tiemblan las manos, se nubla su mente
susurra en silencio plegarias fervientes.
Penumbra temprana, tormenta inminente
la luz de las velas se vuelve más tenue
almas errantes, sombras que envuelven.
Arrullo de luna para el que no duerme
cántico melancólico, presagio de muerte
en su boca un cigarrillo, en su mano el aguardiente.
Las rosas, aunque marchitas, conservan espinas
no puede la muerte disipar el pasado
cuando la soberbia alimenta la herida.
La culpa perturba, los recuerdos duelen
cada pensamiento es una daga hiriente
vivir o morir echados suerte.
En su cuerpo el lienzo, en el puñal la pluma
tinta de su sangre firma la despedida
el adiós de un alma oculta en la bruma.
Un río de sangre desborda el torrente
arrastra a su paso la esperanza naciente
se apagan las luces, claudica el valiente.
Las gotas de lluvia le mojan la frente
el agua y la sangre fluyendo convergen
se muere la vida dando vida la muerte.
La imágenes 1 / 2 / 3 / 4 utilizadas en esta publicación son de Pixabay.com, libres de derechos de autor.