Nunca imaginé que al llegar a ser adulta tendría que tomar decisiones tan importantes.
Mi vida fué lo usual. Nací en una familia de obreros, trabajadores. Crecí junto a 2 hermanas. Soy parte de una familia de latinos venezolanos.
En un hogar tan similar al de nuestros paisanos, es usual que los hijos coincidan con vecinos en mismos planteles escolares. Pero en nuestro caso, no. Mis padres se exigieron para proveernos otras alternativas de educación mejores a la pública. Sin embargo, no había mucha diferencia en cuanto a contenidos programáticos; salvó la cantidad de horas y días de clase.
Llegada la universidad, decido estudiar lejos de casa, en otra ciudad. Con miedo asumí mi rol. Insegura de como distribuir tiempo para los deberes académicos y los de hogar y propia manutención. No fue difícil la adaptación. Sin embargo, el administrar lo que tienes para manutención y mis ganancia por trabajos, fue un reto.
Todo transcurre normalmente, hasta que apruebas tus lapsos académicos y estás por graduarte.
Egresó de mi casa de estudios y permanezco buen tiempo en mi universidad por ser captada como ayudante académico, permitiéndome así una agradable y fructífera experiencia laboral; mi primer trabajo.
Comienzo a sentirme útil, ya toda profesional. Atiendo las exigencias de mis funciones. Logró otro empleo. Y luego otro. Comienzo a ganar más dinero, algo que aportar para apoyar a mi familia. No obstante, empiezo a interesarme en un colega.
Nos enamoramos; bueno, eso pensaba Yo. Nos casamos y de pronto, al año estoy embarazada. Nervios, muchos nervios. Madre es un título muy común, de pocas letras y de tan extraordinario significado.
Celebramos la llegada de un primer hijo, sin vivienda propia, pero sin deudas. Una vida alegre, con posibilidades de desarrollo de más proyectos. Pero, iniciando el 6to mes de nuestro príncipe, se asomaron unos síntomas en él desconocidos para todo el que los notó. Abuelas, tías, tíos, amistades y pediatras. No daban con identificar lo que sucedió.
Protegimos a nuestro hermoso niño, nos mantuvimos más unidos y registrando cambios en nuestro príncipe. Y de pronto, de nuevo embarazada.
Alegres por esta 2da ocasión luego 10 meses de nacido el primero, nos volvimos a ilusionar por ser padres de 2. Es así como pensamos que el uno aprendería con el otro y nos apoyaríamos entre todos.
Bastaron unas 12 semanas para notar inusuales comportamientos en el más pequeño. Al parecer todo le irritaba. Llora mucho, demasiado e insistentemente. No supimos que hacer. Dejamos de dormir con tranquilidad. A ratos se calmaba y luego, volvía a llorar. De inmediato fuimos a consultas médicas. Nos derivan a un pediatra neurólogo. Comienza las pruebas químicas y con imágenes.
El diagnóstico, TGD, Trastorno general del desarrollo. Requiere seguimiento y observación permanente.
Ya son 2. Con el 2do diagnostican al 1er hijo. Ya pasado el tiempo, cumpliendo 4 años el mayor identifican su condición, TEA.
Alta posibilidad de mismo diagnóstico para el 2do. Iniciamos problemas como pareja pues los gastos médicos son insostenibles. Terapias, medicamentos, consultas y sin Yo poder trabajar por convertirme en cuidadora de 2. Finalmente, peleas por gastos, infidelidad y alcoholismo del padre. Huyo con mis principes por ser víctima de violencia familiar. Lastimosamente, regreso a casa de mis padres y sin trabajo, por lo que no somos bien recibidos. Sin embargo, estuvimos allí 9 años. Con altas y bajas. Trabajando sin estabilidad laboral ni social. Demandé justicia por mis hijos. Aún espero por eso. Los Estados deben velar la protección de las familias en estos casos.
Mis jóvenes príncipes han Sido mis mejores maestros. Su diagnóstico final Síndrome de Asperger, hoy día Autismo de alto funcionamiento. Son trabajadores, organizados y dedicados. No son de estar con malos sentimientos. Cariñosos, buenos cocineros y muy buenos jugadores de videojuegos. Añoro que su padre comparta con ellos, pues me han educado para ser resilente, el mejor regalo de la vida que he recibido.
Los cambios deben ser aceptados. Somos hechos a toda prueba y por eso resistimos, nos adaptamos y seguimos. La Vida es Bella, realmente no podemos desaprovechar nuestros talentos , hay que ocuparnos de utilizarlos. Somos maravillosos. Eso me enseñaron mis hijos. Cuán valiosa soy Yo. Todo lo que he hecho es y ha sido por los 3. Que bueno es haber aprendido a vivir y a adaptarme.