El sacrificio de Jesús es el aval que garantiza el triunfo de los designios divinos en la historia, la prevalencia del bien sobre el mal.
El plan de Dios era salvar al mundo por sí mismo, por su “propio hijo”.
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).
El Creador es ahora Salvador.
Por tanto, la salvación prometida es una segunda creación, que es obra esencialmente divina, pues nada de lo que haga el ser humano puede cambiar su condición de pecador, sujeto y objeto de muerte.
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad. El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo” (Tito 3: 4-5).
Él nos salvó. NO existe poder en toda la creación que pueda separar a un creyente de Cristo.
Ciertamente, la salvación de un Cristiano está eternamente asegurada por quien tiene el poder y la autoridad para garantizarla.
“Yo les doy vida eterna y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar” (Juan 10:28-29).
Nadie, ni siquiera nosotros mismos.
“Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! (Romanos 5:8-10).
Jesús me salvará.
RE: Do you know about God or do you know God?