Las tentaciones son creaciones de Satanás, quien conociendo que los seres humanos están propensos a sucumbir a los deseos de la carne, les confiere apariencias que las hacen atractivas.
Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta.» Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. (Santiago 1:13)
Tal como si se tratase de pajarillos o peces, a quienes el cazador les coloca la carnada adecuada para que al sentirse atraídos, caigan en la trampa especialmente creada para que sucumban a la tentación que irremesiblemente los perderá.
Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo (Santiago 1:14).
De tal modo que cada tentación es como un traje hecho a la medida por el principe del mal, quien pretende mantenernos con la mente puesta en las cosas del mundo.
Por ello, debemos alejarnos de las cosas mundanas, porque son creadas por Satanás para saturar nuestros sentidos de brillo y resplandor.
Efectivamente, todo cuanto existe en el mundo es el resultado de la concupiscencia de los ojos, de la concupiscencia de la carne y de la soberbia de la vida.
Por su naturaleza, todas estas cosas son ajenas a Dios, se originan del enemigo, son diabólicas.
Ciertamente, la concupiscencia de la carne y de los ojos son trampas que Satanás crea con el objeto de incitar a los seres humanos a que sucumban a la tentación creada específicamente para que dirija su atención a las cosas del mundo.
Cabe señalar que al caer en tentación, también perdemos la salvación, porque la Palabra del Señor señala que todo aquel que caiga en alguna de estas trampas del enemigo, cae en pecado; y por tanto, NO heredarán el reino del Señor.
Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa (Romanos 13:14)
Es necesario enfatizar que en la tentación se une el objeto con la intención de Satanás, porque al lograr que sucumbamos a ella logra lo que desea: que sometidos a la concupiscencia de la carne le demos prioridad a los placeres temporales del pecado y NO a la salvación eterna.
Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte (Santiago 1:15)
Sin embargo, tenemos esperanza, porque el Señor, como manifestación de su misericordia e inmenso amor, obrará en nuestras vidas para que NO seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. De tal modo, que con cada tentación, Dios nos provee la forma de vencerla.
Ninguna tentación los ha tomado a ustedes salvo lo que es común a los hombres. Pero Dios es fiel, y no dejará que sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que junto con la tentación también dispondrá la salida para que puedan aguantarla. (1 Corintios 10:13).
Por ello es que si estamos alejados del Señor, somos presa fácil de las tentaciones, no sólamente porque son hechas por el Diablo para que caigamos en ellas, sino también porque NO buscamos a Dios para que nos ayude a vencerlas.
RE: Parte 388 fecha martes 18 de junio de 2019 Porque el hombre es presa facil de caer en tentacion.