No te detengas, por nada.

Words
445
Reading
2 min
9y
Listen to this post
~3 min

—¡Corre!—me gritó Jack, sosteniendo mi mano con fuerza y jalándome en la dirección contraria al grupo de lobos que nos miraban con sus grandes ojos amarillos.

Habían aparecido de repente, como por arte de magia. Jack y yo estábamos juntos en el bosque, comiendo algo del pastel de manzana que había sobrado de la noche pasada. Comíamos tranquilamente, al pie de un árbol, cuand este grupo de lobos del tamaño de osos comenzaron a rodearnos. Esperábamos que se fueran, pero no fue así, por el contrario, se acercaron mucho más a nosotros. Empezamos a preocuparnos cuando uno de ellos, con ojos tan brillante como el oro y un pelaje tan negro como la noche misma, nos gruñó.

En ese momento nos dimos cuenta de que algo andaba mal.

Comenzamos a recoger nuestras cosas, con la clara intención de irnos de regreso a casa. Pero cuando Jack se levantó, el lobo más cercano gruñó, mostrando sus grandes colmillos. De inmediato, los otros lobos fijaron toda su atención en nosotros. Empecé a preocuparme al ver que los lobos se acercaban cada vez más, comenzando a cerrar las posibles vías de escape. Jack pareció darse cuenta más rápido que yo, por lo que se colgó las mochilas al hombro lo más lento posible. Luego de un segundo tomó mi mano y echó a correr por el único camino que quedaba libre.

Un lobo estiró sus garras hacia nosotros, para detenernos. Jack logró esquivarlo, pero logró hacerme un arañazo en la mejilla. Podíamos escuchar las pisadas incríblemente rápidas a nuestras espaldas.

—¡Si llegamos a la camioneta estaremos bien! —gritó Jack sin dejar de correr, y arrastrarme con él—. ¡No te detengas por nada del mundo!

Había olvidado por completo la camioneta de Jack, quien la había estacionado a las orillas de la carretera. Continuamos corriendo un buen trayecto, ya casi podía ver las luces de los autos cruzando la carretera. Si llegábamos a la vista de los otros autos, estaríamos a salvo.

Entonces pasó.

Uno de los lobos salió de la nada, empujando a Jack contra el suelo. Se vio obligado a soltar mi mano, mientras dejaba salir un alarido de dolor. Su camisa blanca se llenó de sangre, las garras del lobo se clavaron en su piel con fuerza, como un niño aferrándose a la pernera de un pantalón. Solté un grito de pánico al ver a mi novio en el suelo, pero él no tardó en gritarme.

—¡Sigue corriendo!

Y lo hice, lo hice sin pensarlo dos veces. Era consciente de todo lo que dejaba atrás en el momento en el cual decidí correr hacia la camioneta y abandonarlo ahí.

Y hoy en día, no me arrepiento.

No te detengas, por nada. | Ecency